LA HABANA. Los datos económicos al cierre de 2015, además de escasos, dejaron un sabor agridulce en el paladar de los cubanos. Hubo una mezcla de buenas y no tan buenas noticias. En el primer grupo tenemos una serie de acontecimientos, algunos de los cuales pueden calificarse como históricos.

Siguiendo los anuncios del 17 de diciembre de 2014, en enero y septiembre el ejecutivo norteamericano introdujo modificaciones a la política de sanciones orientadas a ampliar las posibilidades de comercio, inversión, vínculos financieros, y viajes.

En mayo se dispuso la remoción de Cuba de la lista de Estados que patrocinan el terrorismo (lo que deja sin efecto algunas restricciones financieras), mejoró la ubicación de Cuba en el informe sobre tráfico de personas, ambos países reabrieron embajadas en el verano, y entre otros, se firmaron acuerdos para restablecimiento de correo directo y vuelos comerciales en diciembre.

Si bien las relaciones económicas directas permanecen en niveles muy discretos, esta dinámica afectó positivamente el número de visitantes norteamericanos (incremento cercano a 60 %) y previsiblemente el flujo de capital en la forma de remesas y otros envíos (aunque una parte de estos no se registra en la balanza de pagos).

Asimismo, el efecto indirecto sobre terceros en el turismo, finanzas e inversiones debe haber sido notable. Por ejemplo, el 11 de diciembre, Moody’s Investors Service, la única entre las grandes agencias calificadoras que elabora una evaluación periódica sobre la deuda soberana de Cuba, anunciaba que mantenía la nota que extiende desde abril de 2014, Caa2, pero cambiaba el pronóstico desde estable hacia positivo, abriendo la posibilidad de que en un futuro mediato la nota pudiera ser mejorada.

El país continuó la renegociación exitosa de su deuda externa de larga data, alcanzándose acuerdos muy ventajosos con el Club de París y el Gobierno de Japón. Esto prácticamente concluye la puesta al día de los adeudos más abultados de antaño y debe proporcionar una trayectoria más sostenible a las finanzas externas. A corto plazo, no obstante, representa una salida adicional de recursos.

En la Feria de La Habana se anunciaron los primeros contratos a empresas extranjeras en la Zona del Mariel, y se actualizó la Cartera de Oportunidades de Inversión para el capital externo. Algunos de estos eventos no tienen un impacto en los resultados del año, pero abren algunas oportunidades hacia el futuro.

Los datos preliminares estiman el crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) en un 4 %. Esto se alcanza con un desempeño más balanceado a nivel sectorial. Según se anunció, todas las ramas muestran incrementos en su actividad, aunque algunas no crecieron al ritmo previsto, como la agricultura y el azúcar.

Otra nota positiva es el mantenimiento del equilibrio macroeconómico interno, a partir de un déficit presupuestario bajo control y la estabilidad de los precios. Este último elemento debe ser tomado con precaución porque en segmentos como los alimentos la dinámica de precios ha sido ascendente, y también por las particularidades del Índice de Precios al Consumidor en Cuba.

El turismo internacional se benefició particularmente de la nueva coyuntura favorable entre Estados Unidos y Cuba, con impacto en los visitantes de otros países. Todos los mercados importantes crecen a niveles de dos dígitos. Según cifras publicadas en medios de prensa, el aumento en los visitantes desde Estados Unidos es apreciable, en el orden de un 60 %.

Esto colocaría a ese país como el cuarto mercado en importancia, por delante de Francia y justo detrás de Alemania. Claro, si se añaden las visitas de cubanoamericanos, Estados Unidos es, desde hace un tiempo, el segundo emisor de visitantes. Este hecho destaca el enorme potencial de ese mercado.

Durante 2015 se han relajado las restricciones para los viajes a Cuba de ciudadanos estadounidenses, se han ampliados los vuelos directos entre ambos países, incorporándose nuevos destinos. Hacia noviembre había un total de diez ciudades (Miami, Tampa, Nueva York, Los Ángeles, Chicago, Baltimore, Houston, Fort Lauderdale, Fort Myers, Orlando) con conexiones directas hacia distintos destinos en Cuba como La Habana, Santa Clara, Cienfuegos, Camagüey, Holguín y Santiago de Cuba. Este sector debe mantener un buen comportamiento en 2016.

Entre los aspectos menos halagüeños se halla que el crecimiento económico caerá hasta un 2 % en 2016. Esto habría que entenderlo como la combinación de tendencias negativas en la economía doméstica y en el ámbito internacional.

En el orden interno se mantienen los bajos niveles de inversión, y al parecer, la baja eficiencia de las mismas. Es decir, muy poco y mal aprovechado. Además, las exportaciones empiezan a sufrir los efectos del deterioro del contexto externo, en particular la situación en Venezuela, junto al ya legendario estancamiento de las ventas de bienes.

Estos resultados y las previsiones para 2016 significan que desde 2011 la economía se habrá expandido un 2,5 % como promedio anual, una cifra alejada de las necesidades del desarrollo para un país como Cuba. También por debajo de las cifras que alguna vez proyectó el propio gobierno para este quinquenio; concretamente, la mitad de lo sugerido.

El Ministro de Economía mencionó que todavía existe la percepción de que este incremento no impactó significativamente la vida de la mayoría de los cubanos. Y tiene razón, y hay muy buenas causas para ello. Por una parte, el crecimiento se logra en una sociedad más desigual, por lo que algunos segmentos apenas lo notan en sus ingresos personales. El consumo real privado no aumenta a un ritmo suficiente como para cambiar esta condición.

Por otra parte, tres áreas especialmente sensibles muestran una evolución desfavorable. En primer lugar, la vivienda. El déficit habitacional continúa creciendo a cuenta de que la construcción de nuevas unidades y la reparación o ampliación de las existentes no alcanzan a cubrir la demanda.  En segundo lugar, el transporte público. Más allá de los planes anunciados y puestos en práctica, el transporte masivo de pasajeros no responde a la demanda, y la situación es especialmente aguda en la capital, por razones obvias.

Por último, el acceso a los alimentos. Vale la pena recordar que las transformaciones comenzaron en la agricultura, hacia un ya algo distante 2007. Las cifras dicen algo, y la realidad es todavía más reveladora. Los progresos son extremadamente modestos: entre 2005 y 2014, la producción de viandas y hortalizas se redujo, mientras que las frutas se incrementaron muy discretamente.

Mejores resultados se obtuvieron en los cereales y los huevos, pero hay que tener en cuenta que han transcurrido nueve años. Y los precios no han hecho sino aumentar a ritmos impresionantes. El cacareado efecto de la “competencia desleal” por parte de los restaurantes y cafeterías es un elemento que solo viene a confirmar una característica estructural de nuestra economía, la oferta no es capaz de atender ni tan siquiera una demanda probadamente solvente. Y no estamos hablando de una oferta variada, estable y de alta calidad.

Es cierto que la economía se expande en medio de una desaceleración de la región, y de la economía mundial en su conjunto, lo que puede traducirse en ritmos de aumento del comercio más modestos en el futuro cercano, una muy mala noticia para la economía cubana. No obstante, este efecto pudiera ser contrarrestado parcialmente si se materializan los cambios en la política de Estados Unidos y se elimina el embargo, abriendo el principal mercado del mundo a una economía mucho más pequeña. Esto en sí mismo podría ser un factor estratégico de gran importancia para la Isla.

Un repaso somero de las tendencias fundamentales indica que cinco años de cambios notables no han logrado hacer despegar a la economía cubana. Lo que apunta claramente a que hay mucho más por hacer. Las medidas iniciales son siempre las más fáciles y los frutos no han sido abundantes.

Nuestro concierto económico requiere de un shock en tres dimensiones interconectadas: disponibilidad de recursos para inversión, reglas de juegos vinculadas a los incentivos que rigen la acumulación, el consumo y la asignación de factores (capital, trabajo, conocimientos) en todas las unidades económicas sin distinción de propiedad; e integración a la economía mundial.

En esa línea hay algunos campos donde es preciso tomar decisiones rápidas y acertadas en los próximos dos o tres años, entre las que se encuentran la reforma del sector público, incluyendo prominentemente la empresa estatal; la nivelación progresiva del campo de juego para todos los actores económicos, extendiendo el alcance del sector no estatal nacional a todos los sectores; la aceleración del ritmo de negociación y firma de contratos con empresas extranjeras, adoptando las mejores prácticas internacionales; remover el actual sistema monetario y cambiario, adoptando uno que sea compatible con una economía abierta en rápido crecimiento con alta eficiencia, y hacer todo lo que sea posible para restablecer las relaciones económicas con Estados Unidos y dar el tiro de gracia final a la política del embargo.

En este último asunto estamos ante la mejor oportunidad de los últimos 55 años, ese proceso en sí mismo puede expandir significativamente las oportunidades de éxito para la estrategia económica del país y asegurar un margen de maniobra mayor para las próximas reformas.

(*) El Doctor Ricardo Torres es economista del Centro de Estudios de la Economía Cubana.

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