LA HABANA. Cuba es un país muy dado a las cifras, números y estadísticas. Basta tirarle un vistazo a las consecuencias en daños económicos que cada ministerio, institución u organismo le señalan al gobierno de EE.UU. por el más de medio siglo de bloqueo o embargo económico, comercial y financiero al que ha sometido a la isla para percatarse de ello. Facturas que incluyen hasta centavos.

Una valla de carretera, por ejemplo y recordar que no existen  comerciales ni publicidad, anuncia con precisión milimétrica, que por determinada cantidad de horas de bloqueo la población que padece diabetes se ve imposibilitada de adquirir la insulina para un año.

Sin embargo, sería importante conocer qué cantidad de padres tienen a sus hijos viviendo fuera del territorio nacional. Con toda seguridad que el dato sería alarmante porque según otras cifras muy confiables, en breve seremos de los primeros en población anciana en todo el continente.

Un reflejo son las festividades por Navidad y Año Nuevo donde resulta algo raro que cualquier familia no espere la llegada de un hijo residente lo mismo en Miami, Madrid, Australia que ese que está por venir y que es guardabosques en la helada Canadá.

Hijos de quienes sean, lo mismo de altas figuras del Estado, el gobierno, el partido comunista, militares de elevado rango, profesionales, empleados públicos, obreros, campesinos… viven en otras tierras y a muchos de ellos los tenemos de regreso para las fiestas de rigor. Obviamente, la vecina Miami encabeza la lista porque allí radican unos 800 000 compatriotas de los dos millones que tienen techo en otros confines.

Muy poco engalanada esta ciudad. Sus calles, avenidas y edificios son los mismos de siempre, apagadas e inundadas de huecos o baches. Forzados por las circunstancias, los arbolitos están en los hoteles a la par de las multicolores guirnaldas. Otro tanto en restaurantes privados y estatales, empeñados en las mejores ofertas en cenas y conciertos o en comida para llevar a casa.

En nuestros hijos, el mejor regalo. Traerán alegría y algo más para festejar y razonar una vez más acerca de la decisión que tomaron un día.

Tropicana siempre será una excepción. En sus 76 años de vida ofrece para este 31 de diciembre el espectáculo “Oh…La Habana”. Trescientos dólares en adelante por cabeza por un espectáculo que siempre se recordará. Sobre todo este, que se trae una melodía bien pegajosa:

“Oh, La Habana, Oh,  La Habana, quién no baila quien no goza, caballero, en mi Habana…”

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