Es hora de poner fin a 55 años de embargo fracasado

Abstenerse en la votación ONU sobre el embargo

WASHINGTON, DC – Está claro que el papa Francisco tuvo un profundo impacto en Estados Unidos y en Cuba al facilitar el cambio histórico de la política liderada por el presidente Barack Obama y el presidente Raúl Castro. Me complace que avancemos en la dirección correcta hacia la normalización, pero habiéndose cumplido el 55 aniversario del fracasado embargo a Cuba, que se impuso por primera vez el 19 de octubre de 1960, tenemos que hacer más.

Al igual que muchos norteamericanos, las imágenes de la histórica visita del papa Francisco a Estados Unidos siguen pasando por mi mente. Me sentí inspirado por su llamado a todos los miembros del Congreso para que trabajemos juntos por el bien común. También me sentí muy honrado por la visita del papa a una escuela de mi querida comunidad de East Harlem, donde plantó semillas de amor en los corazones de los niños. Justo antes de viajar a Estados Unidos, el papa visitó Cuba, donde su presencia ayudó a empoderar a la Iglesia Católica para ayudar al pueblo de Cuba, especialmente a los más vulnerables. A lo largo de su visita a Estados Unidos y a Cuba, un tema se situó en primer plano: la importancia de servir a los demás y su visión de paz y unidad.

Tenemos que seguir cambiando las leyes y regulaciones de Estados Unidos para promover la fuerza de las conexiones persona a persona, representada por la visita del papa a Cuba. Estoy haciendo mi parte para promover esta fuerza de persona a persona. Estoy orgulloso de que este verano una delegación de residentes de Harlem, encabezada por la Cámara de Comercio del Gran Harlem y de otros neoyorquinos, regresó de su exitosa misión a La Habana, Cuba. Durante ese viaje, ayudé a organizar reuniones con altos funcionarios del gobierno cubano en relación con el comercio, los negocios, el turismo y nuestro esperado primer programa de intercambio cultural en 2016, “Harlem se Encuentra con La Habana”.

Los norteamericanos pueden llevar mensajes de amistad, libertad, pluralismo político y una apertura a la innovación y a nuevas ideas para ayudar a ese país a avanzar hacia un futuro mejor, a la vez que preserva y aprecia las singulares belleza y naturaleza de la cultura y la sociedad cubana.

Para promover vínculos más estrechos entre nuestros países, desde 1993 y en cada Congreso subsiguiente he presentado la Ley de Libre Comercio con Cuba (HR 403 en el Congreso número 114) para  poner fin al embargo y comenzar un nuevo capítulo en nuestras relaciones con Cuba. Bajo la nueva política hacia Cuba, nos hemos alejado de una estrategia errónea de tratar de lograr un cambio positivo por medio del caos y el colapso en Cuba y hemos adoptado una estrategia más inteligente de empoderar al pueblo cubano para que determine su propio destino.

Aun así, las sanciones a Cuba siguen afectando el bienestar económico y social cotidiano de 11 millones de ciudadanos cubanos. El embargo también perjudica a las empresas norteamericanas, las cuales han ido perdiendo negocios a manos de competidores extranjeros. Esa situación cuesta a la economía de Estados Unidos un estimado de $1,2 mil millones al año.

Una vez que se liberalizan aún más las restricciones, el número de norteamericanos que se espera viajen a Cuba aumentará enormemente, lo que mejorará el intercambio cultural y económico y promoverá el cambio en Cuba por medio de las conexiones persona a persona y una ampliación de los proyectos de negocios de Estados Unidos.

El 25 de septiembre, participé junto con otros miembros del Congreso en una reunión con el presidente Raúl Castro al margen de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que alentamos al presidente Castro para que continúe apoyando el acercamiento entre nuestros dos países. Junto con mis colegas en el Congreso, estoy alentando a la administración para que considere una audaz abstención en la votación anual de las Naciones Unidas condenando el embargo de Estados Unidos a Cuba, hecho que enviaría una clara señal de que nuestra nación está comprometida con la relación renovada. También recientemente insté al Departamento de Estado a continuar los esfuerzos por mostrar resultados adicionales antes del primer aniversario del cambio en nuestra política hacia Cuba el 17 de diciembre de 2015.

El Congreso debe hacer su parte para permitir el libre comercio entre todo Estados Unidos y Cuba. El libre comercio puede ayudar a promover la paz y la unidad entre nuestras dos naciones. Casi tres cuartas partes de los adultos norteamericanos (73%) dicen que aprueban la renovación de las relaciones de Estados Unidos con Cuba. Cumplamos con la voluntad del pueblo norteamericano y pongamos ahora fin al embargo comercial.

(*) El congresista Charles B. Rangel representa al Distrito Congresional 13 de Nueva York, que incluye el Alto Manhattan y partes del Bronx. Ha servido a la gente de la ciudad de Nueva York desde 1971, y es el demócrata principal en el Subcomité de Medios y Arbitrios del Comercio.

Traducción de Germán Piniella para Progreso Semanal.

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