LA HABANA. Casi al mismo tiempo en que el dólar fuera despenalizado (década de los años 90) Cuba se abrió al turismo capitalista. Ambos sucesos dispararon el boom por estudiar idiomas, principalmente inglés e italiano. No me refiero a los universitarios, para estos es normal el estudio de otros idiomas, principalmente el inglés pues casi toda la buena bibliografía viene en dicha lengua.

El despelote idiomático fue y es un fenómeno masivo y tanto que no me sorprende que haya cubanos bi y trilingues.

En esa época, no solo daban cursos por TV, magnífica alternativa que aún hoy continúa. A su vez aparecieron discretamente profesores particulares y hasta miniacademias privadas en el underground –entonces no estaban permitidas, ahora sí.

¿Por qué asocio dólar con idiomas? La profunda crisis económica alteró radicalmente la vía de los canales de ascenso en la sociedad: como canal para mejoras laborales, administrativas o para la obtención de un auto o ser el seleccionado para un viaje de perfeccionamiento o superación técnica-profesional, el nivel de compromiso político era decisivo. En ese período los canales pasaron de la adhesión ideológica al dólar como ascensor y muestra de estatus y posibilidades para adquirir bienes y servicios. Para muchos la ideología quedó en el recodo del camino. En la calle, el idioma inglés, por los canadienses que venían o el italiano con su sabor a piza, fueron imponiéndose.

Para sacar el jugo, con un máximo de mil palabras y cierta audacia, surgieron los ilegales callejeros guías turísticos que se pegaban a los visitantes, lo mismo para ofrecerles tabaco, ron, alguna chica(o), que para explicarles los valores de lugares citadinos.

En esa época fui testigo de una muestra de ese maridaje idioma-audacia. Aquí les va:

Habana Vieja. Plaza de Armas. 11 de la mañana de un sábado. Por confusión de horario llegué con más de una hora de antelación a la presentación de un libro en el Palacio de Segundo Cabo, fortaleza enclavada a un costado de dicha plaza. Me senté en la acera a disfrutar del paisaje arquitectónico y humano mientras hacía tiempo. De pronto veo a tres extranjeras hablando en inglés con un joven moreno que chapurreando a Shakespeare con enredo propio de Cantinflas les explicaba, según su muy discutible leal saber, los valores arquitectónicos y culturales de esa zona. Una de las extranjeras le preguntó por la calle cuyos adoquines eran (y son) de madera. El “guía” afirmó rotundamente en su inglés enrevesado con apoyatura gestual que “esas calles las habían hecho los indios cubanos”. No pude menos que echarme a reír y más aún cuando las turistas, asombradas, asentían la afirmación de su “experto” acompañante. A este solo le faltó decir que nuestros siboneyes habían comenzado a construir su Vía Apia con los materiales al alcance: la madera.

El primer “jugo” lo recibió convertido en suculento bocadito de jamón en una cafetería-restorán al aire libre en la esquina de la Plaza que da a la calle Obispo. Estoy seguro que el segundo, y más apetecido, lo tomó en billetes verdes cuando llegaron al final de dicha calle donde está El Floridita. Quizá, ya en el bar, hasta compartió con ellas el trago favorito de Hemingway: el daiquirí.

Allí, si el “guía” hubiese conocido una de las novelas del premio Nobel estadounidense habría arreglado para su intimidad aquello de “No preguntes forastero por quién doblan las campanas, están doblando por mí y en “fao” (dólares, moneda dura).

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¿Cómo recuperar el jugo perdido?

La anécdota, absolutamente real aunque tratada a propósito en tono simpático, debería conducirnos al cómo recuperar valores perdidos, cuya base se encuentra en el factor económico a fin de lograr que los canales de ascenso respondan al esfuerzo y los méritos personales. Tanto para quienes trabajan en la esfera estatal como en los empeños propios. A estos últimos es evidente que ciertos sectores los miran con desconfianza y la “brutocracia” –mezcla de burócrata con estupidez– les llenan de trámites innecesarios y dilaciones haciéndoles el trabajo más difícil.

Entre la desconfianza y la “brutocracia” están dañando el proceso de Actualización económica y olvidando algo muy importante: muchos como este guía “por la libre”, que ha vivido en el mundo ilegal o alegal, hoy día se han incorporado de manera creciente a los caminos abiertos por los cambios. Ellos eran desempleados para las cifras oficiales, pero laborantes de la ilegal economía soterrada de cuya cadena servían de eslabones. Ahora no, salvo que para llevar adelante sus nuevos empeños legales y gracias a torpezas oficiales, reanimen viejos contactos del submundo económico. No quieren fracasar. ¿Por qué perder este “jugo” humano recuperado?

La realidad nacional ha cambiado. El cubano también, inevitable. Nuestra sociedad es diferente en todas sus dimensiones. Hay nuevos actores económicos con diversos intereses. ¿Son estos esencialmente contradictorios con el sistema socialista? No lo creo. Si pretendemos unicidad, además de desconocer la realidad, estaremos trabajando en contra nuestra, pues será tan falsa como “la Vía Apia de los siboneyes”. La unidad saludable reside en la capacidad y la voluntad para integrar al proyecto común la diversidad existente. En ella hay jugo y jugo proteinizado.

Chao, y hasta la próxima.

Fotos: Carlos Ernesto Escalona Martí (Kako).

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