GUANTÁNAMO. Kirenia Ramírez siempre creyó que el cubano era capaz de sobreponerse a todo, pero ahora tiene sus dudas. Cuando no había jabón se lavó con maguey, cuando faltó el aceite se freía con manteca de coco, con los pullovers se hacían blúmers y con retazos de tela sobrecamas y manteles…

Cuando faltó de todo, en definitiva, el cubano se sacó siempre un As –o por lo menos una carta menor e igual de salvadora– de debajo de la manga. Pero nada, por lo menos que conozca, puede sustituir al agua.

Ella, en las últimas semanas, vive para acopiarla, incluso en los horarios más difíciles; para aprovecharla al máximo, cargándola de una llave casi a ras del suelo en las afueras de una vivienda vecina o un poco más allá, al doblar de la cuadra.

Te pueden faltar muchas cosas, me repite, pero no vas a entender lo que es pasar necesidades hasta que te falta el agua para bañarte, beber, lavar tu ropa interior, fregar los platos de la cocina.

Cuando llega el líquido, cada siete días desde julio, se enciende la vida en los barrios de la sexta ciudad más poblada de Cuba, así sean las tres de la madrugada. La gente lava, aprovecha para limpiar los rincones, y finalmente acopia lo que puede en lo que tiene, que la mayoría de las veces es insuficiente y precario.

1Kirenia tiene un tanque pequeño de plástico verde, dos tanquetas y unas cuantas ollas que llena hasta el tope y que, calcula, deben darle por lo menos para cuatro días, si es que no pasa nada extraordinario, algo así como una visita familiar no programada o problemas estomacales.

Kirenia vive en una casa de tablas y tejas de cinc que levantó sobre un terreno familiar, todo lo que quedó de una vivienda arrasada por el fuego años atrás. Un promontorio de madera “machimbrada” que tuvo mejores tiempos y que de no ser por el siniestro, a estas alturas ya se hubiera desplomado de todas formas.

El suyo, aunque puede confundir la precariedad de su techo, es un dilema que enfrentan miles. Hoy, el Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos calcula que son más de 258 mil los guantanameros que sufren de sequía en toda la provincia. La cifra, no obstante, es irrisoria.

Kirenia, por ejemplo, no está incluida, a pesar de que lava cada dos semanas en la casa de su mamá, se baña gracias a la caridad de los vecinos y desde que el asunto del agua empezó a ponerse serio mandó a sus dos hijos a pasar una temporada en casa de su padre, en Baracoa.

Algunos, claro está, sortean la situación mejor que otros. A solo unas cuadras, María del Carmen Martínez aún no ha sentido los rigores de la sequía. En su casa, un edificio familiar con dos viviendas de mampostería, hay cinco tanques elevados capaces de guardar unos 5 mil litros de agua, suficientes para gastar sin miseria una semana entera, que pueden multiplicarse aplicando algunas medidas de ahorro.

En su casa se lava cada semana, se limpia por día y vierten las llaves de derrame. Para la ocasión, no obstante, la familia invirtió 200 CUC, -unos 5 mil pesos cubanos-, en un depósito más, una especie de seguro por si se siguen espaciando los ciclos de distribución del agua en la ciudad.

Pero esa inversión no está al alcance de todos. Los precios de los tanques en las tiendas estatales oscilan entre los 500 y los 3 mil 800 pesos en dependencia de la capacidad y el material, fibrocemento o plástico, el más apreciado y costoso.

Incluso si el dinero está a la mano, la demanda de tanques supera por varias veces la oferta hasta el punto de que actualmente en la media docena de tiendas para la venta de materiales de la construcción en Guantánamo, solo en una es posible comprarlos.

En el mercado informal, que muchas veces se promociona en las afueras de los establecimientos estatales, los precios y ofertas son mucho más variados. Van desde los reservorios “criollos” hechos con latón o cemento, hasta los mismos que se ofertan en las tiendas, aunque a precios superiores.

A río seco, ganancia de pescadores

Cuando finalizó mayo, el mes que marca el inicio del periodo lluvioso en Cuba, los pluviómetros en Guantánamo ya daban la alarma que, un mes después, confirmaban la escasez de precipitaciones. Junio, según los reportes del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos, fue el más seco en la provincia desde 1901, uno de los más bajos en precipitaciones de la región oriental, lo que definió un primer semestre que fue el menos húmedo también desde inicios del pasado siglo XX.

El resultado: la depresión de la presa Faustino Pérez –a un 5% de su capacidad, con poco más de 4 millones de metros cúbicos de agua y muy cerca de su punto muerto-, que según el actual esquema de distribución, constituye la principal fuente de abasto de la ciudad de Guantánamo, a la que también aportan las presas Yaya y Jaibo, todavía con agua suficiente.

De forma general, los embalses de la provincia están a un 39% de su capacidad, lo que a pesar de todo nos sitúa fuera de la lista de las provincias más cercanas al volumen muerto entre las cuales están Sancti Spiritus, Ciego de Ávila y Las Tunas.

Sin embargo, esta es la peor sequía que recuerda Eddy Cutiño, valvulista hace 26 años de la empresa de Acueductos y Alcantarillados, cuya área de trabajo comprende los 11 circuitos del centro de la ciudad, una de las zonas más afectadas en la urbe.

Con la escasez, el terreno es fértil para el oportunismo. Las tajadas más grandes son de los piperos, sean choferes del Estado o dueños de algún transporte particular con tanque incluido.

Una pipa de agua de las que se usan para el abasto a la población, de 8 metros cúbicos de capacidad, en tiempos normales puede costar hasta 200 pesos pero con la sequía se cotiza a 500, unos 20 CUC, a pesar del control anunciado por las direcciones de Acueductos y Alcantarillados.

En los barrios, los muchachos se “salvan” acarreando el agua para los vecinos a 10 ó 20 pesos el tanque, según la capacidad, pero en algunas comunidades puede cotizarse hasta en 50 pesos.

Mientras, en la ciudad, la vida parece seguir su curso. Contrario a otras etapas, en la actual sequía son muy pocos los establecimientos cerrados por falta de agua aunque, en este sentido, los que más sufren las consecuencias son negocios los particulares.

El riego, por lo menos en el municipio de Guantánamo, tampoco se ha afectado. Pero podría detenerse si continúa la ausencia de precipitaciones y la depresión de las presas se agudiza.

Como soluciones paliativas, se incrementan los llenaderos de agua y se movilizan decenas de pipas, incluidos tractores, para el abasto a la población más afectada. Para el resto, los ciclos de distribución han crecido, de días alternos, hasta los tres y, más recientemente, los siete días.

Fuera de la vista popular, entretanto, se define el futuro del territorio en cuanto al abasto de agua.

Especialistas del Instituto Nacional de Recursos Hidráulicos de conjunto con las empresas de Acueductos y Alcantarillados buscan un esquema de distribución más equilibrado.

La idea, ha dicho Alfredo Correa, delegado del primer organismo en el territorio, es interconectar los acueductos de la ciudad como un sistema para poder manejar mejor el agua disponible.

Las inversiones, que abarcan además un programa para la explotación de las aguas subterráneas y acciones en otros municipios, incluyen varias estaciones de bombeo y soluciones que, desde la crisis, sitúan a la provincia en mejores condiciones para afrontar estos eventos adversos que, a juzgar por las manifestaciones del cambio climático, recién comienzan.

Fotos tomadas por la autora.

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One Response to Cuando el agua no regresa a la tierra

  1. Sin dudas hay que felicitar a Lilibeth por su reporte. Hace un balance objetivo del cuadro guantanamero, desde los mas desesperados hasta los que han inventado sus soluciones, sin olvidar que es una larga historia, en la cual nuestro pueblo ha sabido vencer escalon por escalon.
    Tampoco se puede pasar por alto la situacion tan grave de sequia que sufre el hemisferio occidental, motivado tambien por el evento de “El Nino”,
    Tal vez muy pronto con la devolucion de la Base Naval de EE.UU, se pueda incorporar al sistema que se proyecta para el suministro de agua a Guantanamo, de una gran planta potabilizadora de agua salada, que en los anos 60 se vio obligado a a construir ese pais, cuando Cuba valerosamente le “corto el agua” que procedia de territorio nacional cubano.
    Por eso nuestra historia nos obliga a vencer cualquier obstaculo y prueba de ello es el comienzo de nuevas relaciones entre ambos paises.

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