Michael Moore, las guerras, EE.UU., Cuba y América Latina

LA HABANA. Para vivir, el complejo militar-industrial exige la existencia de guerras; con sus consecuencias en muertes y destrucción. Si no hay guerras no tienen “jugo”. Este es uno de los puntos del  próximo documental del formidable cineasta Michael Moore. Lleva por título Where to invade next (Dónde invadir ahora). La estrenará en septiembre próximo en el Festival de Cine de Canadá.

Moore declaró que para esta insaciable hambre bélica “No creo que haya un detonante. Me refiero a que todos estamos viviendo esta época que sin duda atravesamos con posterioridad a los atentados del 11 de Septiembre de 2001 y todo lo que ha sucedido en este país y esta constante necesidad que aparentemente tiene de encontrar siempre un enemigo, ¿dónde está el enemigo? Así podemos mantener vivo todo nuestro complejo militar industrial y mantener a las compañías que ganan muchísimo dinero con este negocio. Y siempre me ha molestado un poco todo eso”.

Desde ya aplaudo a este agudo y filoso creador porque el ”juguito” de la  guerra no es solo para la  industria militar, detrás de las tropas vienen las compañías dedicadas al lucro de la  reconstrucción —especialmente en los sectores económicos más apetecidos por “productivos” —. Estas compañías (recordar Irak), generalmente, ya han sido seleccionadas según aportes a campañas electorales, compromisos e intereses personales de altísimos dirigentes de la  administración del momento. La guerra es “una gran juguera” para la insaciable sed imperial.

Pero…hay otro tipo de guerra que hace jugo en batidora y que se estrenó en este siglo y después del 11/09/2001. Tiene su lema: allí donde no puedo ganar la guerra me dedico entonces a crear Estados fallidos lo cual equivale a ingobernabilidad. Si no es mío, tampoco será de nadie. Más no nos engañemos, esta variante también da “jugo” porque si logras  apoderarte del espacio apetecible desde el punto de vista lucrativo… Ejemplo: Libia. ¿Quiénes controlan el enclave del sector petrolero?. Los Estados fallidos también dan zumo, lo demás es inservible.

¿Dónde la próxima guerra? América Latina y Cuba en la mirilla.

También han estrenado otras variantes que les brindan “jugo” con menor costo de “inversión”: los llamados golpes blandos o suaves. No hay sables visibles, permanecen detrás del telón y, si acaso aparece alguno, es desempeñando el papel de muño o extra. Recuerden Honduras y Paraguay.

El poder globalizado cuenta con una visión globalizada (a conciencia la repetición), es coherente y podría dar clases de acciones planificadas a mediano y largo plazo al sistema socialista más y mejor planificado que haya existido hasta el momento. Resulta difícil encontrar una acción suelta, ajena; y si alguien la encuentra comprobará cómo después la monta en la exprimidora para sacar jugo. Y es aquí donde entramos nosotros.

El restablecimiento de relaciones diplomáticas con Cuba no es un acto aislado de nuestro  contexto regional. “Coincidentemente”, surge en medio de  la inestabilidad en varios países catalogados como progresistas –el poder global-mediático prefiere denominarlos “populistas” –. Al margen de errores innegables que haya cometido cualquiera de esos gobiernos –pase la lista: Brasil, Ecuador, Bolivia, Venezuela, Argentina–, salta a la vista un trabajo planificado a fin de recuperar la zona tradicional de control de los EE.UU.

En nuestra región sur asistimos a un movimiento pendular hacia la derecha. Esa derecha ha significado históricamente dependencia del Norte, liberalismo en lo económico y magra, por no decir nula distribución de la riqueza, etcétera. De no lograr su objetivo de provocar un giro, aunque discreto pero prometedor, de momento ya está creando un clima de inestabilidad, que es el paso previo al posible surgimiento de ciertos niveles de ingobernabilidad; situación que a su vez es el preámbulo de la inestabilidad permanente. Ahí, en el río revuelto,  ya empiezan a exprimir la naranja.

La inestabilidad, que no es el objetivo primordial, sino una alternativa ante la imposibilidad de lograr el control necesario, ahora viene convoyada, anótenlo, casi de manera simultánea con el proyecto TPP, que vincula a países del Pacífico nuestro con el de más allá (¿un ALCA transoceánico?). Con este paso van introduciendo una cuña a los organismos regionales independientes, como Mercosur, CELAC, y otros. Pero en esta movida transpacífica nuestros países y pueblos pondrán la “naranja” a bajo precio para después comprar el “jugo” a precios mayores o tendrán que chuparse la cáscara.

Era de esperar que EE.UU. desee recuperar posiciones que perdieron en justas electorales limpias, corroboradas por organismos internacionales. Desde el punto de vista geoestratégico necesitan restaurar su hegemonía.

La fruta cubana

Desde hace más de dos siglos han estado detrás de la fruta criolla toda. Ahora ya hay relaciones diplomáticas, el primer paso asumido por la actual  administración que reconoció que la  estrategia de la presión a la caldera interna y el aislamiento internacional para el cambio de régimen fracasó.

Pero seguimos siendo parte del diseño de recuperación hegemónica. ¿En qué sentido? De funcionar el proyecto de mover hacia el centro-derecha a alguno o varios de los gobiernos  progresistas, los formuladores de política en Washington calculan que los mismos, además de otras movidas en nuestro interior, influirán en el rumbo del proceso  cubano. ¿Acaso durante la Cumbre extraordinaria de la CELAC a propósito de la situación interna venezolana, en vez de producir una declaración oficial contundente, se logró apenas una nota consensuada? ¿Y por qué?  ¿Y debido a quiénes?

Bienvenidas las relaciones de todo tipo entre EE.UU. y Cuba. ¿Que habrá influencias? Sí. Y desde antes las hay, forman parte de nuestra historia. ¿Que la aspiración de Washington es el cambio de sistema? Ni el tonto del pueblo lo duda. Los riesgos hay que asumirlos. Será una relación compleja, con altas y bajas. Pero las realidades, insisto, hay que asumirlas con inteligencia, creatividad y firmeza. Nosotros podemos sacarle jugo sin renunciar a nuestra política exterior e incluso haciendo cambios más flexibles en el área económica, que en lugar de ponernos en riesgo podrían fortalecernos en lo interno sumando intereses. Todo depende de cómo lo hagamos.

Somos parte del juego estratégico global, cierto. Pero la fruta, nunca, a nadie; esa es nuestra. Y la parte adecuada del jugo que nos corresponda en la nueva relación debemos defenderla.

Ojalá que Michael  Moore, cámara y agudeza en manos y mente, registre cómo se viene y se irá realizando “la nueva guerra” en América Latina y en Cuba.

Chao, y hasta la  próxima.

Imagen de portada: Tomada del documental Where to invade next, de Michael Moore.

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