LA HABANA. Observe el lector lo que está ocurriendo. “Las entidades turísticas estatales y mixtas del país dejaron de percibir entre enero y marzo último 26 303 700 pesos convertibles (CUC) en comparación con el primer trimestre de 2014, para un descenso del 3,9 por ciento por concepto de ingresos”.

La caída ocurrió pese a que en ese período la llegada de visitantes internacionales subió 14,2 por ciento. En los primeros tres meses del año entraron al archipiélago cubano 1 136 948 personas que viven en otros lugares; y los ingresos de las entidades mencionadas sumaron 644 844 900 CUC”. Estos son párrafos de un artículo publicado por el diario Juventud Rebelde (julio 12/2015) y que Progreso Semanal reprodujo.

Usted coincidirá conmigo que al ver la diferencia entre aumento de turistas/menos ingresos es bien oportuna la frase criolla de “No juega la lista con el billete”.

Las mediciones abarcan al sector estatal hotelero y gastronómico, que son los principales, aunque no los únicos con fuerte presencia de visitantes foráneos.

La “pérdida” estatal de unos 26 millones de CUCs (pesos convertibles) presumiblemente fueron a parar a los bolsillos del sector privado dedicado al mismo giro: arrendamiento de viviendas, paladares (restaurantes), y comercios de artesanía gestionados por cooperativistas o particulares.

Lógico: al exprimir el “jugo” ocurre el derrame hacia otros que están participando en el giro con precios competitivos, mejor y más variada oferta y calidad en la gastronomía, y que poseen el atractivo de no ser estatales.

¿Por qué es atractivo lo no estatal? El empujón del aumento en el número de visitantes lo ha dado para muchos no solo venir a la isla prohibida o maldita. El imán está en vivenciar un país y una sociedad en proceso de cambios profundos. Ver el pasado, de donde muchos de ellos provienen y no conocieron, transitando hacia la actualidad.

En piscinas y lobbys de hoteles no está el país ni la gente cuyos pálpitos, esperanzas, frustraciones desean sentir; como tampoco el misterio de cómo esos cubanos sobrevivieron a tantos y tan duros problemas. Los hoteles son la piel maquillada de cualquier país.

Conozco arrendadores privados, algunos de ellos entrevistados por Progreso Semanal, cuyos turistas (europeos, canadienses y estadounidenses), manifiestan que prefieren esta opción precisamente para vivir conviviendo –no quieren la piel, buscan el alma. Muchos han pedido al dueño ir con él al agromercado y a la “bodega”, donde se compran por la libreta de racionamiento algunos de los alimentos. Intentan descifrar el misterio cubano mediante experiencias como estas, especialmente no pocos de los 37 023 estadounidenses que arribaron en el primer trimestre del año.

Pero el “jugo” sigue derramándose y, como si tuviera un salidero, una buena parte regresa al vaso estatal: el sector privado (restaurante, vivienda, objetos artesanales o centros recreativos) paga impuestos sobre las utilidades percibidas; también tributa por los empleados que trabajen con él, que dicho sea de paso toman su buchito o buche de “jugo” en moneda dura. Los cuentapropistas pagan fuerte por el derrame aperturista: tienen que comprar muchos de sus abastecimientos en tiendas minoristas con sus precios en CUCs, como si fuesen ciudadanos comunes y corrientes. Así que habría que empezar a rebajar lo que el sector estatal del turismo dejó de percibir directamente. Hay vasos comunicantes que le regresan parte del “jugo”, ¿no?

Si dentro de unos meses, el gobierno de Obama decide permitir el turismo sin restricciones, derecho constitucional de sus ciudadanos, ¿cuenta el sector estatal con la infraestructura y capacidad para asumirlos? No lo veo a corto plazo, como tampoco cambiar las motivaciones más frescas ya dichas del turista que tenemos en alza y del que se prepara para viajar. Ni con una jarra propia de cíclopes impedirían el derrame del líquido hacia el pequeño empresario.

Bueno lo que está sucediendo, pues siempre que se mantenga el respeto, el apoyo y el brindarle mayores facilidades al novedoso y pujante sector no estatal como competidor legítimo y legal, estaremos:

1. Beneficiándonos todos, unos más, otros menos;

2. Fortaleceríamos la meta de que el sector no estatal llegue a aportar entre el 40 y 45 % del PIB precisamente para el año que corre —¿lo alcanzaremos?—; y

3. El gobierno estaría demostrando con actos la voluntad política de saber maniobrar con las diferencias en el contexto de la nueva dinámica. Mensaje imprescindible.

Foto de portada: “La mayoría de mis inquilinos quieren ir conmigo a la bodega y al agromercado… desean conocer la vida de nosotros”, dice Mauricio Alonso, cuentapropista que renta habitaciones / Progreso Semanal.

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