Viajar en Cuba: bitácora de una odisea

CAMAGÜEY. “Se volvió loco. ¡Cientocincuenta pesos hasta Santa Clara! Deja, si después de las diez empiezan a pasar los carros”, me asegura Odalys mientras regresa a su sitio, frente al punto de Transportación Alternativa ubicado a las afueras de la ciudad de Camagüey.

Pasan de las ocho de la noche, pero eso no parece preocuparle a esta mujer gruesa de unos cincuenta años. Sus gestos la identifican como una “botellera vieja”, con historias en las terminales de media Cuba. Así lo demostró a la llegada del camión que ahora se marcha.

“De aquí a un rato empiezan a bajar los que vienen de Santiago y por sesenta, o cuando más ochenta pesos, yo resuelvo”, me aclara ante la incredulidad con que recibo su optimismo.

Debe ser así y no como presumo. Para Odalys esta es una entre tantas noches junto al camino. Así afirma mientras repasa las cosas que hará en Santa Clara, al llegar a casa de una hermana donde siempre deja queso para vender… el mismo queso que compró con café traído desde Granma y que en Camagüey vio multiplicarse cuatro veces su valor.

Confiesa todo eso con una ingenuidad impresionante, a un desconocido que se le acercó hace solo unos minutos y que no puede dejar de preguntarse cómo nunca la ha detenido la policía. “Mi santo, pipo”, dice mientras se ríe y no deja de vigilar cada vehículo que se acerca.

A esta hora muchos como ella se mantienen a la espera de un transporte que los acerque a sus destinos. En el imaginario colectivo, Camagüey ha sido vista siempre como un buen punto para el “recale” cuando la botella no alcanza para llegar hasta donde se pretende.

Por eso no resulta extraño encontrarse aquí a personas de toda la Isla, aunque las de Oriente se llevan las palmas. Más que pensarlo, José Miguel lo asegura con una contundencia lapidaria: “si ahora mismo tú le recoges el carné a todos los que estamos aquí, el 99% son de allá. Fíjate que te lo digo”.

La lógica más elemental obliga a cubrir sus palabras con un manto de escepticismo, pero lo cierto es que lo respaldan años de trabajo en un merendero frente a la terminal de ómnibus nacionales. Allí ha visto casi de todo, incluso aquel día sorprendente en que aparecieron las Yutong y la gente no se creía lo de que los pasajes serían gratis “porque estaban a prueba”.

“Hubo quien dijo: ‘ahora sí se acabó el Período Especial’ pero yo sabía que eso no duraba. Mil guaguas a pagarle a plazos a los chinos, ¿con qué se sentaba la cucaracha?, y más importante aún, ¿cómo iba a seguir haciéndolo?”.

Un día, muchos destinos

Cerca de diez mil personas transitan por la ciudad de Camagüey en el transcurso de 24 horas. Ese número puede llegar a duplicarse en los meses vacacionales o en los comienzos y finales de año, cuando buena parte de las familias cubanas se trasladan hasta otras provincias.

El problema radica en las desproporciones que median entre oferta y demanda.

De acuerdo con las propias empresas de ferrocarriles y transporte por ómnibus, en cada fecha parten o llegan hasta aquí alrededor de treinta rutas de guaguas nacionales; otra cantidad similar toma a la urbe como punto de tránsito y hasta tres trenes pueden hacer lo mismo en un lapso similar. En suma, no más de tres mil capacidades.

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Los que no consiguen alguna de ellas deben lanzarse al transporte alternativo (los “amarillos”) u optar por el sector privado, que en los últimos dos años han experimentado una marcada expansión. La muestra más visible de ese crecimiento está en los camiones de transporte interprovincial dedicados a la travesía entre la capital y Santiago de Cuba.

Tras costosas inversiones, la mayoría se ha dotado con asientos reclinables, baños y otras comodidades que los ponen al nivel de los mejores medios que posee el Estado.

“El que no se pone las pilas queda”, afirma Yordan, cobrador en una de esas “naves”, como también se les llama. “Este mismo carro es de un cubanoamericano que vive en Santiago y tiene otro más tirando pasaje allá; el combustible va por nosotros y la ganancia y los impuestos quedan a la mitad. Con tantos gastos, para que la cuenta dé hace falta luchar los clientes, satisfacerlos dándoles lo que quieren: viajar más cómodos y más rápido”.

Foto: Fernanda García.
Foto: Fernanda García.

El cambio en la licencia operativa que los autoriza para el trabajo por cuenta propia ha permitido a muchos camioneros abandonar los mercados intermunicipales y probar suerte en rutas de largo alcance. Sin embargo, su presencia no ha contribuido a bajar el costo de los pasajes, sino que ha servido para afianzar la tendencia al alza que se había iniciado hace ya casi diez años, cuando ASTRO triplicó el precio promedio de los boletos.

“Dicen que ahora eso va a subir de nuevo, cuando entren las guaguas nuevas”, especula Liset, una estudiante de medicina residente en Florida. Como tantas otras personas, ella aprovecha los ómnibus de recorrido nacional para trasladarse hasta su pueblo, una alternativa que hasta cierto punto limita los precios.

Recorrer los cerca de 35 kilómetros que separan a Camagüey y esa localidad del centro oeste de la provincia cuesta diez pesos, pues cualquier pretendido incremento choca con la competencia estatal. Pero ese “privilegio” se debe sobre todo a que Florida es atravesada por la Carretera Central, una condición que no posee la inmensa mayoría de los municipios, en los que viajar resulta una tarea más ardua y costosa.

Ni planes ni inversiones han conseguido cambiar ese hecho. Tampoco se espera una recuperación en el corto plazo y en todos los escenarios se maneja el mismo principio: la reducción de los subsidios y gratuidades. Las grandes preguntas radican en cuándo serán visibles las mejoras y cuánto terminarán costando al ciudadano promedio; ese que puede encontrarse en cualquier terminal de la Isla o a la salida de pueblos y ciudades, a la espera de un transporte que no siempre llega.

Foto de portada: EFE.

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2 Responses to Viajar en Cuba: bitácora de una odisea

  1. La vida sigue igual,pasan las decadas y no hay mejoria. Que sera lo que funciona en Cuba.? Somos el hazmerreir hasta de paises mas subdesarrollados e incultos que el nuestro. Que pena!

  2. Por diversos motivos, en los últimos años no se ha concluido ninguna de las inversiones programadas por el Estado en el sector del transporte. Así ha sucedido con la renovación de la línea del Ferrocarril Central (que avanza a paso de tortuga y no ha conseguido alcanzar un tercio de su extensión), las reparaciones en la Autopista Nacional y la Carretera Central (muy deterioradas y escenarios de habituales accidentes debido a su mal estado técnico) y el anunciado proceso de modernización de los puertos de cabotaje.
    Para más problemas de la población, la mayoría de las mejorías están orientadas al transporte de cargas y no de pasajeros, pues –según anuncia las autoridades– la prioridad están en la actividad económica.
    Por lo que parece, durante un largo tiempo será bien j… viajar en Cuba.

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