Nuestro hombre en La Habana (en 1959)

Puede que muchos norteamericanos se estén preguntando quién será nominado como Embajador de EE.UU. a Cuba, una vez que se hayan restablecido las relaciones formales entre los dos países.

¿Será un diplomático de carrera con experiencia en Latinoamérica, o algún rico industrialista, preferiblemente hispanoparlante, que ha contribuido con munificencia a los cofres políticos del partido? ¿Será un embajador o una embajadora?

¿Cuál será el criterio para tal selección? ¿Y están siendo investigados los antecedentes de algunos o ya existen algunos finalistas?

Para esos pocos norteamericanos que se preguntan quién era el enviado de Estados Unidos a  La Habana en 1959, cuando Fulgencio Batista huyó de Cuba y Fidel Castro se hizo cargo, la respuesta es Earl Tailer Smith, un corredor de inversiones y caballero sin antecedentes diplomáticos que fue nombrado embajador a Cuba por el presidente Dwight D. Eisenhower. El Senado lo confirmó en mayo de 1957, cuando tenía 54 años.

smith, earl e.t.

El hecho de que haya pertenecido a la junta de dirección de la United States Sugar Corporation puede haber tenido algo que ver con su nombramiento, ya que por esa época la compañía tenía una importante presencia en la producción de azúcar en Cuba.

Según contó el propio Smith, le impartieron un curso apresurado de diplomacia en seis semanas,  durante el cual visitó varias agencias y el Departamento de Estado, y varios designados por el Departamento de Estado lo prepararon. Una cosa a tomar en cuenta: no hablaba español.

Estuvo en el cargo hasta el 20 de enero de 1959, cuando renunció y regresó a EE.UU. Su puesto fue ocupado por Philip Wilson Bonsal, quien duró en el cargo hasta octubre de 1960, cuando las relaciones entre Cuba y EE.UU. se rompieron por completo.

En una aparición ante un Subcomité Senatorial de Seguridad Interior el 30 de agosto de 1960, Smith describió los factores que condujeron al derrocamiento de Batista en los caóticos días de 1958. Es interesante la lectura de su versión en una transcripción congresional, 55 años después de lo sucedido.

El perro mueve la cola

“El régimen de Batista se estaba desintegrando desde dentro”, dijo Smith. “Se estaba haciendo más corrupto y, como resultado, perdía fuerza. […] El gobierno de Batista fue derrocado porque Estados Unidos y varias agencias de Estados Unidos que directa e indirectamente ayudaron al derrocamiento del gobierno de Batista, llevaron a Fidel Castro al poder”.

Al preguntársele cuáles eran las agencias, él las describió como “ciertas personas influyentes, fuentes influyentes en el Departamento de Estados, los niveles más bajos en la CIA [Agencia Central de Inteligencia]. Yo diría representativos de la mayoría de las agencias del gobierno de EE.UU. que tienen  que ver con la embajada”.

Presidente Dwight D. Eisenhower y John Foster Dulles.
Presidente Dwight D. Eisenhower y John Foster Dulles.

La diplomacia de EE.UU. hacia Cuba parecía tener una cualidad como la de la cola que mueve al perro. En general, dijo Smith, “las decisiones se tomaban en el cuarto piso” del Departamento de Estado por funcionarios de los niveles más bajos, no en el quinto piso, donde los decisores de “alto nivel” trabajaban. “El quinto piso no estaba interesado en los asuntos de Cuba hasta fines de 1958”. Y el quinto piso “es donde se encuentran el secretario de Estados y los subsecretarios”.

Por esa época, el secretario de Estado era John Foster Dulles, quien ocupó el cargo desde 1953 hasta mediados de 1959.

“He aprendido por experiencia y observación”, prosiguió Smith, “de que en nuestro sistema las acciones por el nivel más bajo y por aquellos que influyen en el nivel más bajo forman nuestra política, y cuando los de arriba actúan sobre esa base, las políticas ya han sido determinadas por los hechos “.

Al preguntársele si confiaba en el cuarto piso, el diplomático de un solo período respondió: “Cuando uno es embajador, no tiene nada que ver con políticas. Uno sigue las instrucciones. […] Lo único que uno puede hacer es recomendar”.

smith, earl book 1962En 1962 Smith escribió un libro, El cuarto piso, en el cual contaba sus experiencias con el Departamento de Estado durante su período como embajador.

Batista perdió la confianza de Washington

Un tiempo antes, en 1960, el predecesor de Smith como embajador a Cuba, Arthur Gardner, había dicho al mismo comité senatorial que “se sabía que [Batista] recibía una ‘tajada’ […] de casi todo lo que se hacía”.

Smith describió el colapso de la moral del ejército de Batista “cuando en [marzo de 1958] nos negamos a vender armas al gobierno cubano y […] persuadimos a otros gobiernos amigos de no vender armas a Cuba”. Esas acciones, dijo, “tuvieron un efecto moral y psicológico en las fuerzas armadas cubanas que fueron desmoralizadoras hasta la enésima potencia”.

Una vez que Washington “se negara a vender armas […] al gobierno existente, el pueblo de Cuba y las fuerzas armadas supieron que Estados Unidos ya no podía apoyar al gobierno de Batista”. Y aunque Batista pudo comprar armas a otras fuentes, “el impacto psicológico en la moral del gobierno fue devastador”.

“Treinta días antes de que Batista se marchara, envié un telegrama al Departamento de Estado”, testimonió Smith, “y dije que Batista probablemente no sobreviviría más allá del 1 de enero. Dimos exactamente en el blanco –ese fue el día en que se marchó”.

Por instrucciones del Departamento de Estado, continuó Smith, “pasé 2 horas y 35 minutos con Batista el 17 de diciembre de 1958 y le dije que Estados Unidos –o más bien, ciertas personas influyentes de Estados Unidos– consideraban que él ya no podía mantener un control efectivo en Cuba, y que creían que se evitaría un gran derramamiento adicional de sangre si él se retirara”.

Aferrados a una esperanza

Fulgencio Batista y el General Francisco Tabernilla.
Fulgencio Batista y el General Francisco Tabernilla.

Smith relató una visita que recibió el 26 de diciembre de 1958 por parte del general Francisco Tabernilla, jefe de las Fuerzas Armadas de Cuba, y otros dos altos oficiales del ejército.

“Tabernilla dijo que los militares cubanos no seguirían luchando y que el gobierno cubano, per se, no podía durar”, dijo Smith a los senadores. “Declaró que el propósito de su visita era salvar a Cuba del caos, de Castro y del comunismo”.

“Dijo que deseaba formar una junta militar compuesta por él mismo […], el general [Eulogio] Cantillo, el general [Arístides] Sosa Quesada, el coronel [Manuel] Cáceres y un oficial de la marina. Dijo que quería dar un salvoconducto a Batista para que se marchara del país y deseaba saber si yo apoyaría a esa junta”.

Earl E. T. Smith y Fulgencio Batista.
Earl E. T. Smith y Fulgencio Batista.

Smith dijo a Tabernilla que él (Smith) solo podía notificar al Departamento de Estado de la pregunta, pero que sería mejor que Tabernilla consultara con Batista y entre los dos lograran una propuesta de cambio de régimen.

“El Departamento de Estado sabía que Batista estaba acabado en diciembre de 1958”, especificó el exembajador, “y tan pronto como Batista estuviera acabado era evidente que solo una persona iba a llegar al poder, y que era Fidel Castro”.

Batista aceptó el consejo de Smith y huyó hacia la República Dominicana. Después de todo, como el propio Smith contó al panel senatorial, “Estados Unidos, hasta el advenimiento de Castro, era tan abrumadoramente influyente en Cuba que […] el embajador norteamericano era el segundo hombre más importante en Cuba, a veces más importante que el presidente”.

Después de marcharse de Cuba, Smith regresó a su casa en Palm Beach, La Florida, donde ejerció como alcalde de la ciudad de 1971 a 1977.  Murió en 1991.

Traducción de Germán Piniella.

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3 Responses to Nuestro hombre en La Habana (en 1959)

  1. Interesante recurso historico. Segun mis vivencias de aquellos momentos, fue exactamente asi. Ojala el recuerdo de estos 55 anos se tome en cuenta en este momento crucial, al nombrar un Nuevo embajador por parte de EE.UU. Ahora bien, no hay que olvidar que tal vez la presencia rapida del mismo en La Habana, podria estar afectada por la aprobacion del congreso, que tal vez podria demorar meses su confirmacion. Esperemos…

  2. Lo unico que faltaba era que nombraran a Ileana Ross o aun peor
    a Posada Carriles, en una accion de “lo tomas o lo dejas y se siguen
    jodiendo otro medio siglo mas”
    Esperemos de verdaderamente exista una intencion de resolver el
    caso cubano, pero ya se ve que el caso de Earl E T Smith estaba
    dentro de la politica sucia.

  3. Lo difícil para Washington no es tanto nombrar un Embajador como acostumbrarse a la idea de que tal diplomático no podrá desempeñar el papel que el propio Smith describió para sí: el de segundo o primer hombre más importante en Cuba. En estos 56 años se ha revolucionado el país, pero también sus relaciones con los Estados Unidos, como se han revolucionado las relaciones tanto de Cuba como de Estados Unidos con América Latina y con el mundo. Un funcionario cons instrucciones claras y plena conciencia sobre el empeño cubano de hacer respetar sus prerrogativas soberanas, tendrá la capacidad de ayudar a construir el nivel de diálogo requerido para avanzar hacia una relación diplomática en busca de la normalidad, y de representar dignamente los intereses de su país dentro del complejo conjunto de discrepancias y contradicciones que aún persisten y persistirán entre los dos países.

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