[mis] crónicas norteamericanas

¿Cómo explicarles Cuba a los norteamericanos? ¿Qué hacer si la primera vez que llegas a los Estados Unidos, lo haces para pararte delante de un aula universitaria para hablar de tus fotografías, unas fotografías que intentan hablar, precisamente, de esa Cuba que a ti mismo a veces se te escapa?

Carlos Ernesto Escalona Martí es un joven fotógrafo cubano que complementa su mirada con las crónicas que escribe y publica en su blog Kilómetro Cero. Progreso Semanal publica una de las que publicara a partir de su visita en American University, una universidad de la Costa Este norteamericana.  

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American University. La prestigiosa universidad de Washington D.C. dice ser la que más egresados tiene trabajando en instituciones de gobierno. Su fuerte son las ciencias políticas y sociales, y es una las cuatro que no perdió la licencia de operar con Cuba durante el gobierno de George W. Bush.

Con la clase de hoy mi mentor Bill Gentile concluye del curso “Foreign Correspondence”. Bill me ha concedido la última hora. Por aquí han pasado antes de mí una jefa de corresponsalía en el Medio Oriente y un fotorreportero recién llegado de Afganistán. Y ahora yo. Un exiguo.

Espero en el pasillo. Repaso las ideas. El ayudante técnico anda medio enredado conectando los equipos para la proyección. Yo me solidarizo: hace poco más de un año ese era mi empleo. Quiero ayudar, pero Esther me recuerda que él está haciendo su trabajo. Eso del estatus social me revienta las pelotas, pero la realidad es más dura.

Bill se asoma a la puerta.

-¡Carlos! ¡Es hora!

Al toro, pues.

“Mi nombre es Carlos Ernesto Escalona. Tengo treinta años y vivo en Cuba. Soy fotógrafo y profesor de fotografía documental en la Universidad de las Artes y en la Facultad de Comunicación de la Universidad de la Habana. Vengo a presentar el proyecto fotográfico documental Cuba, a work in progress sobre cómo los cubanos están asimilando las reformas económicas que está experimentando mi país. El proyecto es autónomo y no está vinculado a ningún medio. No va de de ilustrar titulares, sino de captar cómo las personas comunes materializan los cambios”.

Antes de comenzar, tres sugerencias que les pongo a consideración si quieren embarcarse en la aventura de comprender Cuba.

  1. Es el lugar donde se pierde la frontera entre la lógica y el sentido común: Hay cosas que tienen sentido aunque sean completamente ilógicas, al tiempo que hay otras que son entendibles siguiendo ciertas lógicas, aunque vistas en forma general carezcan de sentido.
  2. La realidad suele ser más rica y compleja que un cable o un editorial. Una cosa es el discurso oficial, otra es como las personas lo entienden y una tercera es cómo lo ponen en práctica desde su subjetividad. En otras palabras: no se conformen con las noticias de un medio u otro, salgan a la calle y tómenle el puso a la gente.
  3. No caer en la tentación de utilizar unidades de medida “yanquicéntricas”. Ya un norteamericano intentó hacerlo con el precio de un McDonald´s en cada lugar del mundo y el resultado de su estudio fue cuestionable. La gente suele asombrarse de que, al cambio oficial mi salario sea el equivalente a 30 USD. El punto no es cuánto cobro, sino cuál es el precio de una calabaza en Cuba (una unidad de medida más universal que un McDonald´s). Aún así, no es menos cierto que es muy difícil vivir meramente del salario sin buscar alternativas.

-En Cuba –aclara Bill- es común caer en alguna actividad ilícita para ganar dinero extra. Ser deshonesto es casi una necesidad de supervivencia.

-… a la cual aún nos resistimos algunos -agrego-. Por otra parte, gracias a ese saludable estado de conciencia, este decoroso ciudadano no tiene un centavo en el bolsillo. Cuando la dignidad no tiene precio, la vida se encarga de recordarte el costo.

(Risas)

Bueno, vamos a ver fotografías…

(…)

-¿El proyecto es una tarea del gobierno cubano?

-Todo lo contrario. Es una iniciativa completamente independiente.

-¿Pero representan a alguna institución?

-A nosotros. A quien primero debe representar un ciudadano es a sí mismo. Luego, en la medida de hasta dónde estime que tiene puntos de vista en común, se suma –o no- a un proyecto social, discurso político, movimiento artístico.

-¿Han tenido problemas de censura?

-En primer lugar: en mi país vivió un director de cine llamado Tomás Gutiérrez Alea, de quien aprendí que no basta con alcanzar la verdad, sino que hay que saber decirla incuestionablemente. Cuando uno aborda las cosas desde criterios puramente ideológicos, siempre vas a tener al bando contrario esperando afuera con la guardia en alto. Pero las historias de vida con matices humanos suelen ser más conciliadoras, pues ponen a ambas partes a mirar no a una ficha negra o blanca en un tablero político, sino al hombre y su circunstancia. Tus personajes se sienten tratados como seres humanos, y sus opositores descubren que se trata de personas que sufren por las mismas cosas y se preocupan igual por el futuro de sus hijos.

Y en segundo lugar, –y en honor a la verdad-  las historias que estamos intentando documentar, no han chocado hasta el momento contra el oficialismo, cosa que ha ocurrido más por casualidad que por autocensura. De hecho, son precisamente los medios gubernamentales los primeros que pretenden mostrarse favorables hacia las reformas económicas, aún cuando ese la cobertura oficial se plantee de una manera casi epidérmica. El caso es que si la oficialidad arremetiera contra nuestro proyecto, estaría contradiciendo su propio discurso.

-¿Quién financia el proyecto?

-Nuestro bolsillo, algo que, en honor a la verdad nos limita bastante. Pero al menos tenemos la satisfacción de estar contando la historia a nuestra forma. Contamos lo que consideramos bajo criterios humanistas, antropológicos, históricos, culturales. Ni ideológicos, ni tecnicistas. En mi caso, utilizo la suma de mi salario de profesor universitario con lo que gano haciendo fotografías BBC.

-¿British Broadcasting Corporation?

-No. Bodas, Bautizos y Cumpleaños.

(Risas)

(…)

Al final de la clase se me acerca un estudiante. Alega un mal español como razón para no haberme lanzado las preguntas en el aula:

– Se dice que en Cuba no hay libertad. ¿Qué considera usted al respecto? ¿Se siente usted un hombre libre?

-Comprender lo que significa “libertad” en Estados Unidos es el misterio que me acompaña en este viaje. Sé de cubanos que llevan aquí más de diez años diciendo que viven en la tierra de la libertad porque pueden expresar lo que quieran en cualquier sitio, y pueden comprarse lo que deseen, pero al mismo tiempo viven a toda velocidad esclavizados por las facturas. Si Cuba es o no un país libre, depende de la suma del sentir y el actuar de mis conciudadanos en función de vivir esa condición desde lo individual.

Se dice que el régimen en Cuba controla, esclaviza y extorsiona a las personas, pero –al menos yo- me niego a romper lanzas por causas que no me representen al menos en un 51% y eso nunca me ha perjudicado en nada. Para mí libertad, más que una estatus legal es un estado de ser, es la capacidad de actuar de conformidad con los valores universales como la verdad y el bien, y en tanto actúe de esa forma seré me sentiré un hombre libre dondequiera que esté.

Salimos de la Escuela de Comunicaciones de AU, pasadas las 10:00 pm. El termómetro marca 8 °C, pero las ráfagas de viento le meten el frío a uno hasta el tuétano de los huesos. Hace tres horas hacía 18°C. Clima continental.

En el maletín de Bill va su indumentaria habitual de reportero de guerra: casco, chaleco antibalas de planchas de acero, gafas para las tormentas de arena…. Aquí hay más de 15 libras, y de ahí en lo adelante, faltan las cámaras y los lentes.

-¿Bill, cuando fue la última vez que estuviste bajo fuego?

-2006, hermano. Afganistán.

Y yo pensando que había sido en Nicaragua. Este Bill es un loco.

Antes de llegar a casa, Esther me anuncia que a la mañana siguiente, finalmente vamos a pasear por Washington D.C.

2 Responses to Una noche en American University

  1. Despues de dos decadas viviendo en Estados Unidos no creo
    ningun detalle de la vida cubana le interese a los estadounidenses
    mas que como una cuestion folklorica o arquelogica.
    O la musica y el deporte como algo de lo que puede sacar dinero.
    No nos hagamos los tarugos con falsas ilusiones.

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