Alan Gross puso a los judíos de Cuba en una posición embarazosa

Las actividades del judío norteamericano Alan Gross, quien fue liberado de la prisión por el gobierno cubano hace tres semanas, colocó a la comunidad judía de Cuba en una situación precaria al hacer peligrar sus relaciones con el régimen de Castro.

Gross fue arrestado en La Habana hace cinco años y subsiguientemente condenado a 15 años de prisión por “acciones contra el estado”.

Durante años, Gross trabajó en el extranjero en el área de ayuda internacional y desarrollo como empleado de compañías norteamericanas. Como parte de su función de trabajo, Gross a menudo viajaba al exterior, incluyendo países del Medio Oriente como Iraq. Justo antes de su arresto, Gross trabajó como subcontratista para la Agencia de EE.UU. para el Desarrollo Internacional (USAID), ayudando a instalar equipos de comunicación para varias organizaciones.

Este era también el propósito de su viaje a Cuba –fue enviado a la nación isleña como subcontratista independiente para una compañía norteamericana que trabajaba para la USAID.

En línea con la política norteamericana de aquel momento, su trabajo consistía en socavar al régimen comunista de Cuba y ayudar a organizaciones no gubernamentales y disidentes para evadir la detección por parte de las autoridades, las cuales vigilan y escuchan todas las comunicaciones en la Isla.

En 1996, el Congreso aprobó la Ley Helms-Burton, diseñada para fortalecer el embargo norteamericano contra Cuba que se había iniciado desde el ascenso de Fidel Castro.

La ley incluye un número de cláusulas destinadas a promover “una transición pacífica a la democracia representativa y una economía de mercado” en Cuba. Para poner en práctica una política cuyo propósito apunta a derrocar al gobierno en el poder en Cuba, el Congreso destinó un presupuesto de $20 millones de dólares al año.

Development Alternatives, la compañía contratada que empleaba a Gross, recibió un contrato por $6 millones de dólares de manos de la USAID.

El propio Gross ganaba un salario de $500 000 por sus esfuerzos.

Durante un periodo de cinco meses en 2009, viajó a Cuba cuatro veces con una visa turística y entró de contrabando al país un gama de sofisticados equipos de comunicación que incluía teléfonos inteligentes, computadoras, dispositivos satelitales y un chip avanzado utilizado en misiones de espionaje.

A fines de 2009, cuando trató de entrar a Cuba por quinta vez, fue arrestado. Las autoridades cubanas lo acusaron de espiar para la inteligencia norteamericana.

La administración Obama, sus abogados y su familia negaron las acusaciones. En 2011, Gross fue condenado a 15 años de prisión.

A posteriori, hemos sabido que Gross no estaba operando en beneficio de la CIA. No obstante, sus actividades violaron las leyes cubanas, las cuales prohíben el contrabando del tipo de equipo que tenía en su poder. Gross puede haber sido culpable o inocente de espionaje, pero ciertamente fue negligente y descuidado.

Él aseguró que llevaba equipos para ayudar a la comunidad judía de Cuba. Sin embargo, luego se supo que la comunidad judía no necesita tal ayuda.

Los judíos de Cuba son unas 2 000 personas, la mayoría de las cuales vive en la capital. En La Habana hay varias sinagogas y los judíos cubanos gozan de completa libertad de culto.

Los lazos de los judíos con Fidel Castro eran buenos y siguen siendo positivos con el sucesor de Castro, su hermano Raúl. Los judíos de Cuba tienen libertad para emigrar.

Si lo prefieren, se les permite realizar la aliyah (*).

Desde 1992, el Comité Norteamericano-Judío Conjunto de Distribución ha mantenido estrechos vínculos con la comunidad judía cubana. Ha suministrado ayuda económica a los ancianos mientras ayudan a preservar el legado judío en la Isla.

La coartada de Gross no solo creó dificultades y causó embarazo a la comunidad judía en Cuba, sino que pudo haber impactado adversamente a las comunidades judías en países cuyos gobiernos son hostiles a EE.UU.

El caso Gross pudo haber llevado a gobiernos extranjeros a sospechar que los judíos en su seno que tienen lazos con organizaciones judías en EE.UU. actúan en realidad como emisarios para el espionaje norteamericano.

Desde este punto de vista, el comportamiento de Gross y de sus adiestradores solo puede ser descrito como totalmente irresponsable.

Cuando contacté a Alan y a su esposa Judy Gross con la esperan de hacerles algunas preguntas –por ejemplo, si se arrepienten de sus actividades o si creen que estas causaron daño a la comunidad judía en Cuba– se negaron a hacer comentarios. En su lugar, me remitieron a un contacto de relaciones públicas, quien ofreció muy poco.

(*) Término en hebreo denominar la emigración individual o en grupo a Israel.

*Yossi Melman es periodista y escritor israelí, especializado en asuntos de seguridad e inteligencia. Fue co-autor de ‘Espías Contra el Armagedón: Dentro de las Guerras Secretas de Israel‘.

Foto de portada: El secretario de Estado de EE.UU. John Kerry, (a la izq.) abraza a John Gross en la Base Conjunta Andrews. (Foto: REUTERS)

(Traducción de Progreso Semanal. Tomado de The Jerusalem Post)

2 Responses to Alan Gross puso a los judíos de Cuba en una posición embarazosa

  1. Mire qué interesante. Así que las autoridades (…) vigilan y escuchan todas las comunicaciones en la Isla. Dios te salve Snowden. Que tire la primera piedra aquel que no haya pecado. Que le pregunten a la Merkel sobre el asunto a ver qué opinión les da de las prácticas gringas de chuzar teléfonos, computadores y cuanto tareco existe sobre la tierra para comunicarse.

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