En La Habana, este 17 de diciembre fue un día de milagros. El primer día la fiesta judía de Janucá, los festejos de San Lázaro y la celebración afrocubana para honrar a este santo convergieron mágicamente. Había magia en el aire.

Este fue un día para que Alan Gross, evocando la historia del judaísmo sobre el exilio y el regreso, saliera del confinamiento hacia la libertad; fue un día para que los denominados “tres héroes” de la isla llegaran a Cuba mientras los fieles rezaban a ese santo que resurgió de la muerte; fue un día en el que los afrocubanos vieron cómo el puño del “hacedor de milagros” escribía un nuevo capítulo en la historia cubana; y fue día en que los habitantes de la isla pudieron escuchar al Presidente Raúl Castro y a su homólogo Barack Obama hablar en la televisión estatal cubana y anunciar su compromiso para lograr el reconocimiento diplomático y el respeto mutuo.

Desde las primeras horas de la mañana, ya se observaban indicios poco usuales. Hubo un mensaje críptico por correo electrónico procedente de Washington, en cuya línea del asunto se leía “Feliz navidad”. Asimismo, los presentadores de noticias de la televisión estatal cubana estuvieron recordando una y otra vez a los telespectadores que no dejaran de sintonizarlos al mediodía. Habría que escuchar al Presidente Castro hablar sobre un “canje” para lograr que tres agentes de la inteligencia cubana regresaran a la isla. Y después, habría que escuchar su discurso sobre las relaciones entre Cuba y los Estados Unidos.

Emilia Fernández, especialista en tecnologías de información en una clínica especializada en cirugía ocular, escuchó que sus colegas se llamaban mutuamente por teléfono para prepararse a escuchar esta transmisión. Nerviosamente, una periodista cubana ojeaba la cantidad de mensajes de texto que se acumulaban en su teléfono celular. Varios artistas de un estudio gráfico cerca de la Plaza de la Catedral de la Habana dejaron a un lado las obras que habían elaborado para venderlas y se congregaron al frente de una televisión Panasonic. Uno de ellos calculó que junto con varios turistas, había al menos unas 20 personas. En tanto nuestra conferencia volvía al orden, diversos miembros del sector académico estadounidense y cubano, los cuales habían estado esperando este momento desde que el Presidente Obama resultó electo, intercambiaron miradas sagaces, pero en realidad nadie tenía la menor idea de lo que sucedería.

Finalmente, llegó el mediodía. Los mandatarios se dirigieron a sus públicos respectivos y hablaron acerca de un canje de prisioneros y anunciaron el final de la Guerra Fría. Cuando Raúl Castro informó que el país reanudaría relaciones diplomáticas con los Estados Unidos, los cubanos vitorearon, se pusieron de pié y entonaron el himno nacional de Cuba, mientras rodaban lágrimas por sus rostros. Varios eruditos presentes que casi ni se conocían abrazaban a las personas que tenían a la par y muchos no podían dejar de hacerlo.

Por su parte, Barack Obama admitió que los esfuerzos de los Estados Unidos para derrocar al gobierno de Castro habían sido en vano y prometió que comenzaría a eliminar las sanciones que han obligado a los cubanos a vivir bajo circunstancias aún más difíciles. Tras décadas de rechazar su existencia, los Estados Unidos reconocería a Cuba y trataría al país como el Estado soberano que es. Cuando escuchamos esas palabras, todos los que hemos trabajado arduamente para llegar a este momento, nos sentamos y nos quedamos estupefactos, como si hubiéramos presenciado un truco de cartas de épicas dimensiones.

Al otro lado de la ciudad, Emilia explicó que se sentó en su estación de trabajo y lloró, pensando en las familias cubanas separadas y en las personas que han perdido la vida en el mar, en su intento por llegar a los Estados Unidos. Al restaurar las relaciones diplomáticas, sus compañeros de trabajo imaginan que tendrán más comunicación con aquellos familiares que, una vez que salieron de Cuba, nunca miraron hacia atrás y esperan que ahora hallen la forma de regresar a casa.

La reportera bajó la mirada para ver su teléfono. El mensaje de texto decía: “Debemos honrar a San Lázaro por haber hecho este milagro en este día”.

Un artista nos dijo lo siguiente: “No tenía idea que sería así de grande”. Andy, quien utilizó servilletas para picnic con la bandera estadounidense y materiales acrílicos para crear una obra extraordinaria titulada Conflicto, dijo que estaba muy contento. A él le gustaron las palabras que pronunció Obama cuando se refirió a “la libertad como el derecho que tiene todo hombre a ser honrado, y a pensar y a hablar sin hipocresía”, citando al George Washington de Cuba, José Martí. Al pronunciar estas palabras, el mandatario mostró respeto.

Por su parte, Guillermo Vantour, quien es pintor, afirmó que el compromiso hacia un reconocimiento diplomático es una garantía para lograr mejores condiciones, a fin de que las empresas estadounidenses ahora realicen inversiones. Él explicó lo siguiente: “He vivido bajo el bloqueo durante toda mi vida. De una u otra forma, esto perjudica económicamente a todos los cubanos. ¿Y para qué?”

Es probable que esa pregunta nunca haya cruzado las mentes de los oponentes políticos del Presidente Obama, quienes arremetieron contra él por haber llegado a este acuerdo con Raúl Castro, sin lograr más concesiones.

Ni tan solo uno de los cubanos con quienes hablamos dijo que hubiera sido mejor presionar más severamente a Cuba o que los Estados Unidos se hubiera mantenido firmes por más tiempo. El taxista de un “coco taxi” nos comentó que “ya era hora”, pues él ha estado esperando durante demasiado tiempo.

(Tomado de www.democracyinamericas.org)

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