Los diez minutos que estremecieron la isla

LA HABANA. Algunos le cargarán el favor al prodigioso santo San Lázaro, que por ser 17 de diciembre amaneció su estampa a la luz de una vela en muchos hogares cubanos; otros, a la sabiduría del Santo Padre Francisco, que con su empujoncito propinó desde El Vaticano aires de reconciliación. Mientras que no faltarán quienes le agradezcan los buenos oficios a los siempre tranquilos y casi inamovibles canadienses.

Mucha, pero que mucha gente se propuso a lo largo de estos años poner fin al prolongado contencioso Cuba versus Estados Unidos, pero lo que a nadie le debe dejar lugar a dudas es que, finalmente, primó el sentido común entre los presidentes Raúl Castro y Barak Obama.
Ambos mandatarios, que ya habían intercambiado impresiones telefónicas el día anterior sin que ningún mortal cubano se enterase, se vieron muy tranquilos, confiados y satisfechos por lo que a cada cual le tocó hacer de cara a sus gobiernos y pueblos.

Cuba ha iniciado una nueva etapa en su historia luego de poner punto final a ese forcejeo de años por intercambiar prisioneros y con ello, al final de las cuentas, reiniciar unas relaciones diplomáticas truncadas bajo el fervor revolucionario y la saña imperialista allá por el lejano 1961.

Vivimos otros tiempos en este mundo aunque la gula de los más ricos la siga emprendiendo con los más pobres. El arte de la negociación se impone cada vez con más fuerza que el uso de un simple teléfono móvil.

Si bien las relaciones han comenzado en el plano diplomático, ya no es de cuestionar que pronto podrían ser comerciales. Y he aquí mi atrevida hipótesis de que el gran y perverso enemigo de casi seis decenios, de repente, sin mucho maquillaje, se nos convierta en un socio comercial de primer orden capaz de poner –o de contribuir-, de una vez y por todas, a que el país tome un ritmo de crecimiento que se haga sentir en las gentes del día a día y no en las páginas de un periódico.

Tres años tendrá el presidente Raúl Castro para encaminar la nación antes de su anunciado retiro ahora con la nueva buena de que la Sección de Intereses Norteamericanos en Cuba (SINA por sus siglas) desaparecerá en breve y vuelva a su lugar la embajada de los Estados Unidos de América.

obama san lazaro
Imagen tomada de Trabajadores.

Esto en un entorno, como les gusta mencionar a los analistas, en que será muy difícil encontrar a un histórico de la revolución capaz de pensar luego de tanto tiempo transcurrido. Y no es de corre-corre que la dirigencia del gobierno deba trazar estrategias futuras de cómo deben ser las relaciones con los norteamericanos, sino de que los “pinos nuevos” apliquen lo que ya se ha dicho hasta el cansancio, que el cruce de manos debe preceder al respeto de nuestra soberanía y de las formas y maneras que los cubanos hemos optado por enrumbar un país.

Ante los nuevos tiempos que ya vivimos y que la sorpresa fue casi como de golpe y porrazo, la primera lección la acaba de dar el Presidente de la República de Cuba durante justamente diez minutos que estremecieron, casi que como nunca antes, a cada cubano que vea su país con buenos ojos, de cara al futuro y nunca al pasado.

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