Huelguista: “Para ‘ellos’ no somos seres humanos”

NUEVA YORK (3 de dic.) – Mañana cientos de restaurantes de comida rápida en todo el país tendrían que cambiarse el nombre, porque de rápidos van a tener muy poco.

¿La razón? Miles de sus empleados dejarán sus lugares de trabajo en lo que será el paro laboral más grande que se haya dado nunca en esa industria.

Esta será la novena vez que miles de los hombres y mujeres que trabajan duramente por sueldos de miseria en los restaurantes McDonald’s, Burger King, Papa John’s, Taco Bell, Pizza Hut, Wendy’s, Domino’s y otros por el estilo alrededor de la nación se van a la huelga. Sus demandas no podrían ser más razonables: un sueldo justo y el derecho a sindicalizarse.

“Hay momentos en que lo que tengo son 10 centavos en el bolsillo y me parece que para ‘ellos’ no somos seres humanos”, dice Bienvenida Pichardo, una inmigrante dominicana de 57 años, quien tras 12 años como cajera en un McDonald’s de Manhattan, gana $8.35 la hora. “Me han aumentado 10 centavos en todo este tiempo y lo que me pagan no alcanza ni para el alquiler. Por eso me voy a la huelga. Tenemos que luchar por nuestros derechos”.

Dos años atrás, en una fría mañana de noviembre, 200 trabajadores de más de 30 restaurantes de comida rápida en Nueva York abandonaron sus puestos en lo que fue la primera huelga jamás realizada contra esas compañías. Los huelguistas exigían un salario de $15 la hora y el derecho a formar un sindicato sin temor a represalias.

Más de cuatro millones de personas trabajan en la industria de comida rápida en el país, 50,000 de ellas en Nueva York. Ellas son parte del sector de más rápido crecimiento en la economía de EE.UU. que, al mismo tiempo, es el peor pagado. Los empleados de estos restaurantes ganan entre $10,000 y $18,000 al año, lo cual no basta para mantener una familia en Nueva York ni en muchos otros lugares del país.

En un contraste indignante, los presidentes (C.E.O.s en inglés) de McDonald’s y de Yum Brands, los dueños de KFC, Taco Bell y Pizza Hut, se embolsillan más de $10 millones al año. Increíblemente, estos señores ganan en un día más del doble de lo que perciben en un año la mayoría de los trabajadores de sus empresas.

Por eso no es de extrañar que, pese a que aquel 29 de noviembre del 2012 cuando la primera huelga tuvo lugar pocos podían imaginárselo, esa acción valiente fue la chispa que prendió un movimiento nacional que ya cuenta con logros importantes.

Por una parte, con el apoyo del Service Employees International Union (SEIU), el poderoso sindicato de trabajadores del sector de servicios, la lucha por un salario de $15 se ha extendido a más de 150 ciudades y ha inspirado a otros trabajadores a luchar por mejores condiciones de trabajo y compensaciones más justas.

Además, ciudades como Seattle y San Francisco elevaron el sueldo mínimo a $15.
Los trabajadores escolares en Los Ángeles también lograron los $15 así como los obreros de hospitales en Baltimore. Empleadores tan importantes como Ikea y Gap aumentaron voluntariamente los sueldos de sus empleados que menos ganaban.

Desde aquel primer paro en Nueva York, más de siete millones de trabajadores alrededor del país han recibido aumentos por medio de votaciones locales, leyes municipales y estatales, y negociaciones contractuales.

Mañana no serán 200 sino miles los trabajadores que en 160 ciudades –el mayor número hasta ahora– dejarán sus puestos para exigir la justicia salarial y los derechos laborales que les han sido negados durante años. Esto ocurre una semana después de que empleados de Walmart –uno de los patronos más abusivos del país– realizaran una serie de paros nacionales sin precedente en los días previos al famoso Viernes Negro en protesta por las amenazas ilegales contra sus demandas por un salario de $15 la hora.

Aparte de Nueva York, Rochester, Buffalo, Filadelfia, Sacramento, Miami, Tampa y Orlando son algunas de las otras ciudades donde habrá huelga.

Esta vez también se unirán al paro trabajadores de los aeropuertos y los que atienden ancianos y enfermos en sus hogares, funcionarios electos y líderes comunitarios, todos con el apoyo de la SEIU.

A dos años de las elecciones presidenciales la desigualdad ya se prefigura como un tema fundamental de campaña. Tanto es así que el presidente Obama mencionó a los obreros de la industria de comida rápida en su discurso del Día del Trabajo y Hillary Clinton, quien a todas luces será la candidata demócrata a la primera magistratura, también se ha referido al movimiento obrero muy favorablemente.

Pero a pesar de los avances obtenidos, Bienvenida Pichardo es prueba viviente de que falta mucho por hacer. Afortunadamente si algo ha quedado claro en estos dos años es que los trabajadores no van a cejar en su lucha.

“No podemos vivir con lo que nos pagan”, dijo Pichardo reflejando los sentimientos de miles de sus colegas. “Y nunca nos rendiremos”.

albor.ruiz@aol.com

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