Para EE.UU. y Cuba, el espacio entre ellos

La semana pasada, en una conferencia acerca del trabajo periodístico en Cuba en la Universidad de Columbia, una escritora habló acerca de la relación con funcionarios cubanos –se celebraron algunos paneles de forma no oficial, subrayando el lenguaje ambiguo que domina la discusión acerca de Cuba, incluso cuando tiene lugar bajo el vitral de Tiffany en la Sala Pulitzer de Columbia. En sus muchos años en la Isla, dijo la escritora, siempre ha habido una disparidad entre lo que se dice de Cuba y lo que sus ojos le decían, la evidencia diaria suministrada por los anaqueles de los supermercados, los rumores caseros, empleos y transporte.

Durante los tres días de intervenciones por parte de escritores, académicos y decisores de políticas –incluyendo a los escritores Jon Lee Anderson, Ann Louise Bardach, el historiador Louis Pérez, el exasesor presidencial Dan Restrepo y muchos más– quedó en claro que el sentimiento también se refiere de cómo se discute a Cuba en Estados Unidos. A pesar de que experto tras experto confirmaron que el apoyo al embargo comercial y de viajes ha llegado a su punto más bajo, tanto entre políticos como en el público norteamericano, ellos confirmaron que la acción del Congreso que se requiere para desmantelarlo totalmente no sucederá en el futuro próximo. Sin embargo, expertos también señalaron que los seis meses entre las elecciones parciales de noviembre y la próxima Cumbre de las Américas en abril son una ventana en la que, potencialmente, lo impredecible pudiera ocurrir.

“Debiéramos hacerlo unilateralmente nosotros”, dijo el exconsejero de la Casa Blanca Greg Curtis, al esbozar las medidas que el presidente Obama podría tomar, sin condiciones, para dejar al embargo sin herramientas. Por una parte, asistir personalmente a la Cumbre de las Américas en Panamá, donde estará Raúl Castro. Restablecer relaciones diplomáticas con el país. Sacar a Cuba de la lista de estados patrocinadores del terrorismo, a la cual fue sumada por apoyar a grupos latinoamericanos designados como terroristas por EE.UU., algo que Cuba ya no hace. Eliminar las restricciones de viajes para todos los norteamericanos, una medida que apoyan desde hace mucho miembros del Congreso de ambos partidos, incluyendo al representante demócrata por Massachusetts Jim McGovern, y el senador republicano por Arizona Jeff Flake.

He aquí otros que se han declarado en contra del embargo en los últimos meses: Hillary Clinton, el candidato a gobernador de la Florida Charlie Crist, y la junta editorial en pleno de The New York Times, cuyo reciente editorial resumió las razones para eliminar el embargo. Extiéndase el periodo de tiempo a unos pocos años y acábese con el lenguaje ambiguo y esa lista incluirá al hombre cubano de negocios Carlos Saladrigas y al magnate azucarero Alfonso Fanjul, quien declaró después de varias visitas a la Isla que invertiría en Cuba si fuera legal hacerlo. Una carta abierta al presidente esbozando las medidas que él podría tomar bajo su autoridad ejecutiva para alentar el cambio en Cuba por medio de una aproximación atrajo la firma de una multitud de miembros de tanques pensantes, entre ellos Anne-Marie Slaughter y John Negroponte.

Si este fuera un asunto acerca del cual el público norteamericano pudiera votar, dos encuestas por separado realizadas este año confirman que al embargo le quedaría poco en este mundo. La Encuesta Cuba de 2014 de la FIU reveló que casi tres cuartas partes de los cubanos que viven en el condado de Miami-Dade creen que el embargo no ha funcionado. “Los cubanos puede que sean intransigentes, pero no son estúpidos”, dijo Guillermo Grenier, profesor de Sociología de la FIU y autor de la encuesta, al presentar los resultados. Peter Schechter, director del Centro Latinoamericano Adrienne Arsht del Concejo Atlántico, reportó que 63 por ciento de la Florida está a favor de cambiar la política de EE.UU. hacia Cuba. “No hay muchas encuestas que arrojen 65 por ciento”, dijo. “La idea de que la Florida es un cáliz envenenado que ningún político puede tocar ya no es cierto”.

Dentro de este contexto, los funcionarios norteamericanos electos parecen ser la parte que genera la narrativa que no coincide con la evidencia suministrada por el público norteamericano: escepticismo generalizado acerca de la eficacia del embargo, un deseo de relacionarse con Cuba, y el reconocimiento de cuán útil pueden ser las inversiones para lograr el cambio. En noviembre, ¿revelarán los electores que quieren que este guión se una a la realidad?

(Tomado de The Scrutineer/Al Jazeera America)

One Response to Para EE.UU. y Cuba, el espacio entre ellos

Encuesta: ¿Cómo describiría al Presidente Donald Trump?

Ver resultados

Cargando ... Cargando ...

Progreso Semanal, fundado por Francisco G. Aruca, es una publicación independiente con carácter progresista.
Editor: Álvaro Fernández
1602 Alton Road, Suite 28 Miami Beach, FL 33139.
Copyright © 2016 Progreso Weekly, Inc. Todos los derechos reservados