Derechos laborales para trabajadoras domésticas en Estados Unidos

Ai-jen Poo, una pionera de la organización laboral que por primera vez en Estados Unidos logró organizar a las trabajadoras domésticas, un sector históricamente excluido de las leyes laborales e ignorado por los sindicatos tradicionales, fue reconocida recientemente con uno de los 21 “premios de los genios” otorgados anualmente por la Fundación MacArthur. El mismo está dotado de $625,000 que se distribuyen en cinco años para apoyar, sin compromisos ni ataduras, los proyectos de los ganadores.

Hija de inmigrantes de Taiwán y graduada de la Universidad de Columbia, esta mujer de 40 años, de suave pero firme hablar, es la directora de la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas. Desde que Poo la fundara seis años atrás en Nueva York, la Alianza ya cuenta con 43 organizaciones afiliadas en 28 ciudades y 16 estados.

“Hay más de 200,000 trabajadoras domésticas en el estado de Nueva York y dos millones en todo el país,” señala Poo. “Nos queda mucho por hacer”,

“Ai-jen Poo es una organizadora laboral cuya persuasiva visión del valor del trabajo doméstico está transformando el panorama de las condiciones laborales y las normas del trabajo de las obreras domésticas”, señaló la fundación al seleccionarla.

Pero no es solo la Fundación MacArthur la que reconoce la labor extraordinaria de Poo, también lo hacen las mujeres que han trabajado con ella y se han beneficiado de su visión y su capacidad organizativa.

“Tenía que pasar, su trabajo ha sido excepcional”, afirma Priscilla González, la joven organizadora principal de Comunidades Unidas por una Reforma Policial en Nueva York al enterarse del premio. González se formó como activista comunitaria trabajando hombro con hombro con Poo desde 2002 hasta el 2013 en la organización de las trabajadoras domésticas.

Hija de una inmigrante ecuatoriana que fuera niñera y ama de llaves, González añade: “Aprendí mucho durante los 10 años que trabajé muy cerca de ella, en particular a hacer siempre todo lo posible por apoyar el desarrollo de otras personas. Ai-jen está comprometida con el hecho de que la lucha es colectiva”.

Y esa es quizás la mayor virtud de Poo, quien comenzó a reclutar por primera vez a niñeras, sirvientas y amas de llaves en 1993 visitando parques y acercándose en la calle a hablarles a las mujeres que empujaban cochecitos infantiles. Tras siete años muy duros logró, en el año 2000, fundar en Nueva York Trabajadoras Domésticas Unidas (UDW), una asociación compuesta mayoritariamente por inmigrantes de Latinoamérica y el Caribe de habla inglesa –muchas de ellas indocumentadas– a la cual dirigió hasta el 2009 y que hoy es una de las afiliadas de la Alianza Nacional de Trabajadoras Domésticas.

“Todos en la Alianza estamos muy entusiasmados,” dice Poo. “Este premio es un reflejo del trabajo increíble de estas mujeres que con su esfuerzo común han logrado hacer lo que muchos creían imposible: darle visibilidad y respeto a una fuerza laboral que ha permanecido invisible por mucho tiempo, esas mujeres que van a trabajar todos los días cuidando los hogares y las familias de otros. Ese es el verdadero genio”.

Hace apenas cuatro años el estado de Nueva York dio un paso que pocos pensaban que podría suceder: gracias al trabajo incansable durante siete años de Poo y las mujeres de Trabajadoras Domésticas Unidas la legislatura en Albany aprobó la primera ley en el país que les garantiza la misma protección de que gozan otros trabajadores a los miles de niñeras, amas de llave y cocineras que laboran en casas privadas. California, Hawai y Massachussets pasaron leyes similares poco después.

“Nuestro logro principal ha sido que se reconozca que las trabajadoras domésticas realizan el trabajo que hace posible que otros trabajen y la sociedad funcione,” dice Poo, que en 2011 ayudó a establecer Caring Across Generations, una campaña enfocada en los trabajadores que cuidan ancianos, y de la cual es codirectora.

“Más y más mujeres cada vez trabajan fuera del hogar y la gente vive más que nunca. Tenemos el número mayor de ancianos de la historia y nadie quiere ir a un asilo,” dice Poo apuntando a su próximo proyecto. “La gente quiere quedarse en sus hogares y la necesidad de trabajadores que los atiendan es cada vez mayor. Sin embargo esos obreros no están protegidos”.

¿Y en qué va a invertir Poo los $625,000 del premio?

“Vamos a financiar becas para que trabajadoras domésticas aprendan más sobre política pública y puedan traer sus voces a la mesa”, dice, fiel a su visión colectiva e incluyente de su lucha social.

No la perdamos de vista porque, con toda seguridad Poo, un verdadero genio de la organización laboral, tiene mucho más que aportar a la construcción de una sociedad más justa.

albor.ruiz@aol.com

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