Revolución cubana en los centros de salud de Brasil

Ellos son pocos, pero están cambiando profundamente el modo de actuación de los profesionales del área de la salud y la relación médico-paciente en Rio Grande do Sul.

Bajo el título “Revolución cubana en los centros de salud”, el diario Zero Hora, de Porto Alegre, describe la rutina de un grupo de profesionales cubanos en el estado.

Cedidos al programa Mais Médicos, que vino a cambiar el perfil de la medicina preventiva en Brasil, ellos visten con sencillez, hacen la limpieza de la casa y llevan su propia lonchera con el almuerzo.

Son sistemáticos, dedicados en el trato con los pacientes y, además, fiesteros como los brasileños.

Con eso, están rompiendo la barrera de los prejuicios y el corporativismo de los profesionales brasileños.

Este es el primer informe que hace la gran prensa sobre el tema.

(Tomado de la cuenta en Facebook de la Presidenta Dilma Rousseff)

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Revolución cubana en los centros de salud

Por Itamar Melo, Júlia Otero e Larissa Roso
itamar.melo@zerohora.com.br, julia.otero@zerohora.com.br, larissa.roso@zerohora.com.br

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Poco después de las 7 horas, seis mujeres salen de una casa en el centro de Guaíba para trabajar. Se visten con sencillez y cargan su lunchera del almuerzo. Una de ellas sigue a pie. Las otras se quedan en una parada de ómnibus, con el vale de transporte en la mano, para tomar rumbo a cinco barrios distintos, en viajes de hasta 40 minutos. Es una rutina idéntica a la de millones de trabajadores, más tiene un aspecto sorprendente. Las seis mujeres son médicas.

Las seis profesionales del amado y odiado programa Mais Médicos representan un personaje nuevo, surgido a fines del año pasado en muchos rincones del país: el “doctor” cubano que vive modestamente, limpia la casa y gana un salario apretado, como muchos de sus pacientes en el Sistema de Salud (SAUS).

Las novedades son notables en el consultorio. Los pacientes acostumbran a sorprenderse al entrar la sala de Marlyn Paneca Gómez, 47 años, en una unidad de salud del centro de Guaíba. Se encuentra a la médica del otro lado de la mesa; pero no hallan una silla delante del mueble para sentarse. Como otros médicos cubanos, a Marilyn le gusta colocar la silla del paciente al lado de la suya.

— La mesa es una barrera en la relación médico-paciente. Les explico que es preciso palpar, tocar. Pero los brasileños no entienden. No están acostumbrados. Van arrastrando la silla. Después de un rato, ella ya está del otro lado de la mesa— dice.

Marlyn es uno de los 285 cubanos en acción en el Estado, a los que se van a sumar otros 138 en marzo. En todo Brasil, ellos son 5 400, un equivalente al 80% de los extranjeros o formados en el exterior que participan de Mais Médicos. Ella hacía un curso preparatorio en Espírito Santo, en octubre, cuando le comunicaron que iría para Guaíba:

— Vi (en Internet) que era una ciudad pequeña, con un lago lindo. Me gustó. Tiene muchas cosas bonitas. Yo trabajé ya en Venezuela y en Honduras, en lugares mucho más complicados, con mucha pobreza.

El 1ro de febrero, Marlyn y las otras cinco compañeras fueron instaladas en una casa del centro de Guaíba, un inmueble amueblado de 198 metros cuadrados. Las médicas aprobaron el lugar. La casa tiene tres cuartos (todos con Split), tres baños (con bañera incluída), una biblioteca (forrada de enciclopedias), un salón de fiestas recién concluido (con churrasquería), una cocina amplia y todos los utensilios y equipamientos necesarios (desde lonchera hasta refrigerador y tv). La prefectura renta la casa por 5,5mil reales y paga el agua, la luz y la conexión a Internet.

—La casa está muy buena. Y además tiene la ventaja de que vivimos todas juntas, como una familia— elogia Maritza Cañada Castillo, 41 años, que ya trabajó en Paquistán, en Bolivia y en Venezuela.

La casa pertenece a Carmen Tejada y su marido, Telmo, que vivían en el inmueble antes de la llegada de las cubanas y mantiene una oficina de mecánica en la parte del frente del terreno. Para aprovechar la oportunidad de alquilar la casa, se mudaron en carácter provisional para la residencia de una pariente. Acabaron siendo amigos de las médicas.

— Son seis personas nuevas en la familia. Las llevamos a las comidas y las fiestas de la parroquia. También estoy organizando la inscripción de ellas en una academia. Cuándo ellas vinieron a conocer la casa, les dije lo que tenía alrededor: mercado, farmacia. Cuando les mencioné la academia, quedaron animadas y dijeron que querías asistir-cuenta Carmen.

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DOCTORAS LLEVAN LUNCHERAS PARA ALMORZAR EN EL TRABAJO

La rutina de las médicas comienza a las 6 horas, cuando una de ellas se levanta primero para preparar el café. Un toque cubano en el desayuno son las tortillas de huevo. A las 6:30 minutos, las demás salen de la cama y van para la mesa. Todas comienzan a trabajar a las 8 horas. Al mediodía, toman las luncheras, calientan la comida en el micro-ondas y almuerzan en el propio puesto de trabajo, con otros funcionarios. Las labores terminan a las 17 horas.

Ellas se reencuentran de vuelta en torno a las 18h. Es la hora de contar las experiencias del día , charlar, estudiar y manipular el tablet suministrado por el gobierno federal.

– No les gusta la televisión. Están más conectadas a la Internet – cuenta Carmen.

La única que sale cada noche es Marlyn. A las 19 horas, ella va a la calle y camina por una hora y 20 minutos por Guaíba. Perdió 10 libras desde que llegó:

– Estoy haciendo preparación cardiovascular para cuándo comience la academia.

Cada noche, uno de las médicas hace la cena, que será también el almuerzo. Los fines de semana, ellas organizan la casa y pasean. Por lo general, cogen el catamarán hasta el centro de Porto Alegre, donde combinan encuentros con cubanos de otras ciudades, recorridos por la ciudad o arreglar su cabello en un salón. Los amigos las han llevado a la Sierra y el Litoral.

– Ellas adoran Gramado. Lo hallaron lindo. Están encantadas con cosas que para nosotros son simples, como la facilidad de encontrar artículos de higiene personal – dice la directora de Salud de Guaiba, Fabiani Malanga.

La vida social gira en torno a los amigos brasileños, como los propietarios del hotel donde estaban antes de alquilar la casa. Ellas fueron protagonistas de la fiesta de Año Nuevo.

– Tuvimos una noche cubana. Trajeron compañeros de Eldorado do Sul y Porto Alegre, prepararon platos típicos y pusieron música cubana. Bailaron hasta las 3am. Son personas animadas- dice Katia Sperotto , de 46 años, propietaria del hotel.

Una de las principales vitrinas electorales de la presidenta Dilma Rousseff, el programa MaisMédicos nació el año pasado, bajo los ataques de las entidades médicas. Para estas asociaciones, no hacen falta profesionales en el Brasil. Por otra parte, dicen que el hecho de que los participantes del programa han sido liberados de revalidar sus títulos en el país representa un riesgo para la calidad de la atención.

– Es un proyecto demagógico y electorero. Son profesionales que vienen a ocupar el espacio de los brasileños. Se ofrecen como un milagro, como si el gobierno tuviera una varita mágica para obtener la atención médica de un sombrero. Tenemos 400.000 médicos en Brasil y más de 17 000 son formados cada año – critica Rita Maria de Assis Brasil , vicepresidente del Sindicato Médico (Simers).

Cuando se hizo evidente que los médicos traídos del exterior serían básicamente cubanos, el tono de las críticas se elevó y fue reforzado por los grupos políticos que vieron en MaisMédicos una fórmula encontrada por el gobierno de hacer populismo electoral y financiar “la dictadura de los hermanos Castro”.

Si bien los médicos de otras nacionalidades que participan en el programa reciben un estipendio mensual de 10.000 reales, los cubanos ganan alrededor de 1000. La mayor parte del dinero va al gobierno de su país. Los más exaltados definen el acuerdo como mano de obra esclava. A principios de este mes, la cubana Ramona Matos Rodríguez fue noticia por salir del programa, con el apoyo del diputado ruralista Ronaldo (DEM). Ella dice que va a llevar al gobierno brasileño al Tribunal del Trabajo.

La actitud de Ramona está bastante aislada hasta ahora. De 89 profesionales que abandonaron Mais Médicos sin justificación, sólo cuatro vinieron de Cuba – en un universo de más de 5.000. Las médicas de Guaíba, por ejemplo, aseguran que la participación en el programa es interesante desde el punto de vista financiero. Para empezar, por ejemplo, los salarios que recibían en Cuba continúan siendo pagados a sus familias. Reconocen que el salario de $ 1000 por mes es bajo, pero aducen que no es sólo eso lo que reciben. Del valor entregado por el gobierno brasileño, otros $ 600 se depositan en una cuenta bancaria a la que se puede acceder cuando regresen a su país. Para los críticos, es una forma de mantener como rehenes a los médicos cubanos, obligándolos a retornar para tener acceso al dinero. Para los profesionales, termina siendo un buen nido de huevos.

Los beneficios recibidos incluyen vivienda, transporte y, en el caso de las cubanas de la Guaiba, una ayuda individual mensual de $ 500 para los alimentos – la suma es superior a £ 3,000 mensuales.

– Los precios aquí son altos, pero como hay varias ayudas es ventajosa. Pero lo más importante es el aspecto humanitario y el dinero que va a Cuba, lo que ayuda a la economía y la salud, que es gratuita – aboga Marlene Muñoz Sánchez, de 43 años.

Este tipo de discurso, sincero o ensayado, es característico de los cubanos. Ellos dicen que están agradecidos de haber podido estudiar medicina de forma gratuita en su país y afirman que lo hicieron no para ganar dinero sino para ayudar. Ante la afirmación de que están siendo explotados y viven en la pobreza, reaccionan . Para ellos, lo extraño no es que los médicos tengan un patrón de vida sencilla, sino que tengan un nivel de vida más alto que otras personas.

– En Brasil se observa una gran distancia social de los médicos a los pacientes – dice Diurbys Utría Díaz , de 34 años.

CONTACTAR POR E-MAIL Y POR FACEBOOK CON LA FAMILIA

La relación con los médicos brasileños, además, no es tranquila. Los cubanos se sienten incómodos con los ataques.

– Con los empleados de los puestos de trabajo, la relación es muy buena pero con los médicos, no. Algunos nos recibieron bien, pero otros no hablan a nosotros o nos miran – dice Diurbys .

Esa hostilidad, junto con la deserción de Ramona, llevó a muchos cubanos a evitar a la prensa. De los 30 médicos de Porto Alegre y los 10 de Canoas, por ejemplo, ninguno quizo charlar con ZH .

– Ellos están rehuyendo de las entrevistas y todo eso. En un inicio, tuvieron una exposición muy grande y ellos resolvieron preservarse – dice Marcelo Bósio, Secretario de Salud Canoas.

A la dificultad experimentada en los puestos de salud, con colegas brasileños, se suma una mayor, de carácter personal: la distancia de la familia. Las seis cubanas de Guaíba tienen niños, algunos de ellos pequeños, que se quedaron con familiares. El contacto espor Facebook y correo electrónico. Para las llamadas de vídeo, es necesario que la familia en Cuba vaya a un centro de comunicación, que no es barato.

– Es la parte más difícil. Pero no estoy triste. Cada mañana cuando me despierto, abro el correo y tengo un “buen día” de mi marido o mis hijos – cuenta Marlyn .

La situación se alivia, dicen las cubanas, por la recepción ofrecida por parte de los pacientes y amigos brasileños. Fabiani Malanga, director de salud de la ciudad, dice que es común escuchar quejas en las prefecturas sobre los médicos locales. Es raro que alguien los elogie . Pero esto sí ha ocurrido en relación con los cubanos. Hace unos días, Marlyn regresó a la casa, con una crema y un libro regalados por un paciente.

(Tomado de Cubadebate)

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