Una cuña en el automatismo a respuestas condicionadas

LA HABANA. Recientemente Cuba ha registrado varios movimientos sísmicos con sus epicentros en el mar. Precisamente en las aguas que separan y unen a la isla de La Florida, EEUU, donde han sido percibidos. Estos fenómenos se deben a los procesos de ajustes de las placas tectónicas. Pero hay otros sismos y ajustes “de placas” cuya intensidad y efectos no me atrevo a calcular, pero, que registrados en Miami, han tenido repercusión inmediata: están moviendo el piso político tradicional, agresivo, y añejo. Es lógico, las viejas edificaciones son las más vulnerables.

Se trata de la entrevista concedida al Washington Post (WP) por el Sr. Alfonso Fanjul, el bimillonario cubano-americano, que si bien ha jugado duro en la política de ese país siempre lo ha hecho cuidándose de las primeras planas. Alfonso Fanjul y su clan miran y actúan en política desde las alturas y a partir de la visión propia de los poderes económicos.  Ahora sale al ruedo y se muestra favorable a invertir en la isla donde nació bajo dos condiciones básicas: una permisiva legislación estadounidense y que por el  lado cubano la legislación para los inversores brinde suficientes garantías.

Las declaraciones de Fanjul al WP ocurren bastante tiempo después  de dos viajes efectuados a su país de origen, uno en abril de 2012 y otro en febrero de 2013, menos de un año entre ambos, por lo que, en buena medida, resultan de tocar la realidad. Palpó lo positivo y lo negativo. Ojo alerta y dialogando con personas comunes y funcionarios, uno de ellos el canciller y miembro del Buró Político del PCC, Bruno Rodríguez, parece haber apreciado posibilidades de negocios en grande.

Sus opiniones y disposición hablan a favor de un cambio en su actitud en cómo encarar la nueva realidad emergente en la isla. No se trata de un cambio ideológico pues  siempre ha sido un opositor al gobierno de La Habana, condición que no niega. No obstante movió el piso de los sectores fundamentalistas cubano-americanos, tanto congresistas como lobistas en función de la política de cerco, cuyas reacciones transitan por los caminos de los eslogans manidos y carecen de argumentación seria.

No voy a expandirme en su entrevista –publicada en Progreso Semanal/Weekly–, me ceñiré a un punto que no he visto abordado en los numerosos artículos sobre el tema y que a mi juicio es un factor clave de las agrias respuestas recibidas por parte de algunos políticos miamenses.

¿Por qué los políticos de la extrema derecha del exilio cubano reaccionan ahora (así, en negritas y subrayado) si conocían de los viajes de Fanjul desde que puso el pie en la escalerilla de su primer vuelo hace 2 años?

Pues porque lo ha hecho público el hombre que puede considerarse como uno de los más sólidos pesos pesado económicamente dentro del exilio cubano y con influencias y contactos directos, no mediados, con la Casa Blanca actual y con el poderoso clan Clinton. (Poder económico y nexos políticos han puesto una válida interrogante en la cabecita de los barones de la línea dura: ¿quiénes están detrás de los viajes de Fanjul?)

Y aquí voy desde mi estricto ángulo periodístico. Los medios de comunicación de Miami operan sobre normas científico-técnicas (sicología de la comunicación) bastante ceñidas a la escuela conductista: creación de una idea y/o imagen base, negativa o positiva, según sea el objetivo, sedimentación de la misma y extensión de esta hacia otras a las que desean agregar idéntico valor. El conductismo, de esta manera, crea en el lector la respuesta automática, bien sea a favor o en contra, según la dirección del medio informativo. En el tema Cuba lo han aplicado al dedillo. Todo lo relacionado con la isla y sus quehaceres: malo, vituperable, condenable, maldito, etc. Lo han sembrado.

Para lograr pequeños cambios en la idea esencial y en las actitudes sedimentadas es preciso  introducir una cuña que paralice, detenga por un instante el automatismo de la respuesta negativa condicionada permitiendo que el lector, televidente, radioescucha o internauta disponga de un segundo para decirse: Oh, deja ver, espera y entonces medite.

Y aquí entra Alfonso Fanjul, una personalidad con todos los atributos del poder, cuyos viajes a la isla eran, reitero, perfectamente conocidos por sus propios beneficiados, quienes ahora le atacan, un hombre de su propia bandería que al hacer las nada radicales declaraciones, introduce la cuña a ideas matrices establecidas y pone a pensar al público en general. Público equivale a votos; votos suman eslabones o rompen cadenas de maquinarias políticas establecidas durante años con el fin de ser el factor en las relaciones y conducta hacia Cuba. Más claro: el poder en el enclave miamense ha descansado gracias a la integración de poder económico-político-medios de comunicación del cual él ha sido partícipe. Si hubiese viajado a lo scout, regresado y silencio…Pero no, ahí está en el WP haciendo olas y casi un año después de su último viaje. Público ¿y ahora?

Si añadimos al impacto personal de Fanjul y lo que representa la persistente presencia de informaciones y artículos en la prensa estadounidense –empezando por las declaraciones de Obama el pasado mes de noviembre en Miami—favorables a una revisión de la política hacia Cuba, así como los análisis producidos por los tanques pensantes y sus centros de pensamiento, que de algún modo participan e inciden en la formulación de estrategias gubernamentales, la dimensión de la entrevista del Sr Fanjul cobra peso y densidad capaz de ir volteando estados de opinión, sumando a otros,  y por lo tanto en la marca que podrían poner los votantes en las importantes elecciones de medio turno. He ahí el meollo de las contradicciones que ha levantado, bien ajenas, omisiva de las acusaciones que ha recibido por violaciones de diverso calibre, tanto en los EEUU como en República Dominicana, donde también maneja el azúcar.

Nada, la vida te da sorpresas, como dice una canción: Fanjul ha sido la mayor cuña puesta al automatismo de las respuestas y es una cuña del mismo palo.

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