La guerra de Marco Rubio contra la verdad

Marco-Rubio
¿Sabe Marco Rubio que en su propio estado, entre muchos otros, la legislatura republicana se negó a aceptar dinero gratis para brindar atención médica para personas de bajos ingresos? Sí, lo sabe.

MIAMI – ¡Chutzpah! No hay mejor palabra que esta maravillosa expresión en yiddish para describir el tan cacareado discurso de Marco Rubio en el cincuenta aniversario de la Guerra a la Pobreza. Según el senador republicano por la Florida, la guerra a la pobreza ha fracasado y ya es hora de adoptar un enfoque republicano más nuevo y eficaz al problema.

La posición de Rubio en cuanto a la Guerra a la Pobreza es tan mendaz y llena de implicaciones engañosas que sería graciosa si no fuera por el hecho de que él habla totalmente en serio. Peor aún, sus opiniones representan las del Partido Republicano, las cuales implementarían en un santiamén su plan “antipobreza” de tres puntos, siempre y cuando alguna vez tenga suficiente poder para hacerlo –con devastadores resultados para los pobres.

La mendacidad comienza con la premisa misma que Rubio invoca para justificar su enfoque alternativo. La Guerra a la Pobreza no fracasó. Las tasas de pobreza han disminuido de manera sustancial en los últimos cincuenta años como resultado de una gama de programas creados como parte de la guerra a la pobreza.

La disminución ha sido más dramática en el seno de uno de los grupos más vulnerables de nuestra sociedad, los ancianos, los cuales a pesar de la Seguridad Social sufrían un nivel de pobreza mucho mayor que el promedio nacional, específicamente alrededor del 50 por ciento. La tasa de pobreza entre los ancianos es ahora menor que el promedio nacional en menos de 10 por ciento, gracias fundamentalmente a programas de la Guerra a la Pobreza, tales como Medicare, Medicaid, viviendas subsidiadas, sellos para alimentos e Ingreso Suplementario de Seguridad (SSI). Este último programa beneficia a personas cuyo cheque de la Seguridad Social es demasiado bajo como para poder subsistir, incluyendo a muchos de los inmigrantes ancianos que Rubio representa. Las tasas de pobreza también han descendido en otros grupos, aunque no de forma tan dramática como entre los ancianos.

Pero el descaro se demuestra en grande en lo que Rubio deja de decir. El hecho de que la Guerra a la Pobreza no haya podido colocar a muchos norteamericanos por encima del nivel de pobreza se debe en gran medida a que los republicanos han combatido la Guerra a la Pobreza durante todo el tiempo, y al final tuvieron éxito, primero en detener su expansión y luego eliminando o disminuyendo drásticamente los mismos programas que garantizaban su éxito.

Es como dejar caer una bomba nuclear en el puente Golden Gate y luego culpar de su destrucción a defectos estructurales. Chutzpah. Agallas. Gandinga. En cualquier idioma significa lo mismo: una plétora de cinismo.

Lo cierto es que la Guerra a la Pobreza no fracasó. Fue, en gran medida, abortada, principalmente por los republicanos, con la ayuda ocasional de la facción política oportunista del Partido Demócrata, de manera más notoria por Bill Clinton, quien bajo la guisa de reforma concedió a los republicanos un deseo de larga data: la eliminación del sistema de bienestar como había existido durante décadas. El daño a los pobres debido a este ejercicio de bipartidismo equivocado se siente ahora en toda su extensión con el deprimente mercado laboral para los trabajadores con baja calificación, y los límites de por vida a los beneficios de seguridad, que cada vez son menores, impuestos por la llamada reforma de seguridad.

Sin embargo, otro elemento de descaro está presente en el intento de Rubio por presentar su plan como algo nuevo. Como señala Ana Marie Cox  en el periódico británico The Guardian, el plan de Rubio es un calco del presentado hace más de un año por otro republicano reaccionario. Nada menos que Rick Santorum, el senador que perdió su escaño en su propio estado y luego trató de postularse para presidente con patéticos resultados:

“En 2012, Santorum esbozó el mismo plan antipobreza de tres puntos: promover el matrimonio, eliminar los programas federales de pobreza a favor de subsidios en bloque a los estados, ‘la cosa de que Estados Unidos es lo  mejor, el sueño americano-el optimismo, la cosa’ ”,

¿Esto es nuevo? No. ¿Sería eficaz? Difícilmente. ¿Sabe Rubio que en su propio estado, entre muchos otros, la legislatura republicana se negó a aceptar dinero gratis para brindar atención médica para personas de bajos ingresos? Sí, lo sabe, y sabe muy bien que entregar los programas para la pobreza a los estados significaría mucho menos dinero para los pobres. Eso, para los Rubio de este mundo, es la  mejor parte, la idea central del asunto.

Pero por otra parte, no es la primera vez que se sabe que Marco Rubio ha usado el engaño con fines de ganancia política. Durante años pretendió ser un exiliado cubano cuyos padres habían huido de Fidel Castro. La verdad, como Rubio finalmente reconoció, es que él nació en Estados Unidos, y su familia abandonó Cuba mucho antes de que Castro tan siquiera llegara al poder.

Eso significa que sus padres llegaron a EE.UU.  como inmigrantes económicos o huyendo de la dictadura de Batista. Cualquiera de las dos hubiera sido una verdad inconveniente, porque disgustaría a aquellos que presentan a la vieja Cuba como una especie de Suiza de las Américas donde nadie tenía que emigrar para ganarse la vida, o aquellos nostálgicos batistianos que aún pueden emitir su voto. Curiosamente a Cox, quien merece felicitaciones por descubrir que el plan de Rubio es cualquier cosa menos nuevo, le pareció que todo eso es risible y triste. Risible lo comprendo, a no ser que uno sea una persona pobre que será blanco de Rubio y los de su calaña.

¿Pero triste? Triste es que un inmigrante indocumentado muera de cáncer a pesar de una amputación porque burócratas del sistema médico para inmigrantes, preocupados por los costos, rechazaron peticiones repetidas de urólogos y otros médicos de que trataran una lesión en el pene del hombre.

A diferencia de una muerte innecesaria o sorpresiva, la acción de Rubio no es triste. Es algo completamente predecible, típica de Rubio, Y no me parece que sea nada triste el hecho de que Rubio se ridiculice a sí mismo una vez más por tratar de ser demasiado inteligente.

Es más, adoptar la pose de amigo de los pobres no es difícil para Rubio. Después de todo, durante algún tiempo ha estado presentándose como amigo de los inmigrantes indocumentados, mientras que al mismo tiempo les guiña un ojo a sus fanáticos del Tea Party. Sin embargo, recientemente dio la noticia de que había estado hablando con gente de la Cámara de Representantes y descubrió que la reforma completa de inmigración no tiene ninguna posibilidad de ser aprobada. ¿De verdad? ¿Y qué gente sería esa? Nada menos que las contrapartes republicanas reaccionarias de Rubio que controlan la Cámara. Otro hecho inconveniente que Rubio dejó de mencionar.

La verdad que Rubio no puede admitir es que mientras sus colegas republicanos de derecha se salgan con la suya, habrá una guerra contra los pobres en vez de contra la pobreza, y una guerra contra los inmigrantes indocumentados en vez de una verdadera reforma inmigratoria.

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