Por David Swanson

Tomado de WarIsACrime.org

El avión en que yo iba aterrizó en Washington, D.C. el domingo por la noche, y el piloto habló por el intercomunicador para decir a todos que celebráramos: nuestro gobierno había matado a Osama Bin Laden. Esto es mejor que ganar el Súper Tazón, dijo.

Dejemos a un lado la moralidad de vitorear el hecho de matar a un ser humano –lo cual, a pesar de que el piloto alentó a todos, nadie hizo en el avión. En términos puramente de realpolitik, matar a líderes extranjeros a los que previamente hemos apoyado ha sido un desastre aún existente.

Después de haber matado a Saddam Hussein, hemos estado envueltos en años de guerra y cientos de miles de muertes sin sentido. Nuestros intentos por matar a Muammar Gadafi han matado a sus hijos y nietos y no terminarán con la guerra aunque al final tengan éxito. Nuestros intentos por matar a Osama bin Laden, incluyendo guerras justificadas por esa misión, han implicado una década de carnicería sin sentido en Afganistán y el resto de la actual guerra global “generacional” que está consumiendo a nuestra nación.

El Talibán estuvo dispuesto a entregar a bin Laden para que fuera juzgado, tanto antes como después del 11 de septiembre de 2001. En su lugar, nuestro gobierno optó por años de guerra sangrienta. Y al final, fue la acción policíaca (investigación, un asalto y una ejecución sumaria) y no la guerra, lo que se dice que localizó a bin Laden en Pakistán. Después de capturarlo, los representantes de nuestro gobierno no lo llevaron a juicio. Lo mataron y se llevaron el cadáver.

Matar solo lleva a más muertes. No habrá una revisión de los supuestos crímenes de bin Laden, como hubiera sucedido en un juicio. No habrá una revisión del apoyo anterior de EE.UU. a bin Laden. No habrá una revisión de los fracasos de EE.UU. para evitar los ataques del 11 de septiembre. En su lugar habrá amargura, odio y más violencia, con el mensaje comunicado a ambos bandos que la razón la tiene el poder, y el asesinato es la manera mediante la cual –según palabras del presidente Obama— alguien es llevado ante la justicia.

Nada se soluciona realmente, nada se concluye y nada debe ser celebrado por quitar una vida. Si queremos celebrar algo, debiéramos celebrar el fin de una de las piezas de propaganda de guerra que ha motivado la más reciente década de brutalidad y muerte. Pero yo no voy a celebrar eso hasta que no se tomen las medidas pertinentes. Nada logra la paz como dejar de hacer la guerra. Ahora sería el momento ideal para probar.

Nuestras guerras insensatas en Afganistán, Pakistán. Irak y Libia deben terminar. Mantener a bin Laden vivo y amenazando ayudó a mantener la maquinaria de guerra haciendo su sangriento camino durante años a través de ciudades y de la carne. No es de extrañar que el presidente Bush no tuviera interés, como dijo, en encontrar a bin Laden.

Terminar las guerras fue nuestro deber moral la semana pasada, al igual que en esta semana. Pero si el simbolismo a encontrar en la eliminación de una pieza clave de propaganda puede combinarse con el reciente apoyo abrumador de EE.UU. para acabar las guerras, para verdaderamente acabar con las guerras, entonces estaré listo, con las manos limpias y nada del brillo de la venganza en la mirada—  para abrir el champán.

Pero regresemos a la moralidad de vitorear la muerte de un ser humano.  Hace una década, eso no hubiera parecido tan natural para un piloto norteamericano de aerolínea. El supuesto automático no hubiera sido que nadie pudiera disentir de esa celebración. Hace una década, la tortura era considerada irremediablemente malvada. Hace una década, creíamos que las personas debían ser juzgadas imparcialmente antes de declararlas culpables o matarlas. Hace una década, si un presidente hubiera anunciado su nuevo poder para asesinar a norteamericanos, al menos algunas personas hubieran preguntado quién lo autorizó a asesinar a no norteamericanos.

¿Será demasiado tarde para regresar 10 años en el tiempo de alguna manera en particular? Al dejar atrás a bin Laden, ¿podemos dejar también atrás la degradación de nuestras libertades civiles y de nuestro gobierno representativo, de nuestra honestidad, de la responsabilidad y del imperio de la ley? ¿Podremos recuperar la decencia básica moral a la que estamos acostumbrados o al menos pretender a aspirar a ella?

No mientras estemos bailando en la calle para celebrar una muerte

Imagínense la propaganda que los medios norteamericanos podrían hacer con una grabación de vídeo de otro país donde las bestias primitivos están bailando en las calles para celebrar el asesinato de un enemigo tribal.  Cuando su venganza llegue, sabremos exactamente qué se supone que hagamos: buscar más venganza a su vez para mantener el ciclo.

Ojo por ojo hace ciego a todo el mundo, pero los ciegos creen que aún ven.  El mundo les parece como un filme de aventuras de Hollywood. En esas historias, matar a alguien generalmente provoca un final feliz.  Ese error generalizado es responsable de los montones de cadáveres, a los cuales se les agregarán otros.

David Swanson es autor, bloguero y activista. Ha publicado La Guerra es una mentira.

Temas:

Sorry, comments are closed for this post.

¿Cuales piensa usted son las probabilidades que a Trump lo acusen (impeach) en 2018?

Ver resultados

Cargando ... Cargando ...

Progreso Semanal, fundado por Francisco G. Aruca, es una publicación independiente con carácter progresista.
Editor: Álvaro Fernández
1602 Alton Road, Suite 28 Miami Beach, FL 33139.
Copyright © 2016 Progreso Weekly, Inc. Todos los derechos reservados