Por Saul Landau

Después del 11/9, George Bush comenzó a lanzar dardos envenenados de miedo al Congreso y a los medios, los cuales reaccionaron con temor. Cinco años y tres meses después, Gore Vidal contraatacó la disonancia de pánico de W con repiques de verdad en La Habana.

El 12 de diciembre, en la Universidad de La Habana, Vidal desestimó a “nuestro pequeño presidente” (“presidencito”, dijo el intérprete) y se burló de él para situarlo en la perspectiva apropiada –el peor y más peligroso presidente en la historia norteamericana: “Soy un presidente de tiempos de guerra”.  El público compuesto por profesores y estudiantes rió con la imitación de Vidal.

Tres días antes, la noche del 9 de diciembre, el Viceministro de Cultura Ismael González y el Presidente del Instituto del Libro Iroel Sánchez recibieron a Vidal en el Aeropuerto Internacional José Martí.  Su séquito incluía al ex senador por Dakota del Sur James Abourezk (demócrata) y al ex presidente del Senado de California, el también demócrata John Burton, así como al Fiscal de la ciudad de San Francisco Dennis Herrera, yo y un pequeño grupo de amigos y admiradores de Gore.  La prensa cubana pronto lo atrapó.

“¿Qué lo trae a Cuba?”, inquirió un reportero de Prensa Latina.

“Vine a Cuba con mi rodilla rota para ayudar a romper 40 años de embargo”.  No había aceptado invitaciones anteriores porque “perdí una de mis rodillas la última vez y casi les envío mi rodilla a ustedes, y hubiera sido más interesante que yo mismo”.

Unos pocos reporteros rieron.  “Pero tengo una artificial”, dijo Vidal ya en serio, “y pude venir aquí a ver el comienzo del fin del colonialismo en el Hemisferio Occidental”.

Dijo a los medios que “le preocupaba el colapso de la República.  Hemos perdido el habeas corpus y la Constitución que heredamos de Inglaterra hace 700 años.  De pronto nos robaron.  El régimen actual lo ha hecho y las bases legales de nuestra República se han ido con ellos, y como soy uno de los historiadores de esa República, no me agrada”.

¿Qué opina él de la realidad cubana en contraposición con lo que ha reportado el gobierno de EE.UU.?  “Nunca nos dijeron por qué tenemos que odiar a los cubanos.  Creo que Kennedy y sus compatriotas estaban motivados (para sus agresivas políticas anti-Castro) por la vanidad”.  Vidal dijo que “mi amigo John F. Kennedy estaba aspirando a la presidencia” (1960) y tontamente permitió que sucediera la invasión de la CIA por Bahía de Cochinos.  “La vanidad ha desempeñado una gran papel en la relación”, agregó refiriéndose a la guerra terrorista lanzada por los hermanos Kennedy contra Cuba después del fracaso en 1961 de Bahía de Cochinos.

Vidal hizo una pausa y saltó al pasado.  “Cuando invadimos a Cuba (en 1898) fue solo un pretexto para comenzar la guerra contra España y terminar por apoderarnos de las Filipinas, como hicimos finalmente”.  Los reporteros cubanos grababan y escribían.  “No me agrada decirlo”, continuó Vidal con una sonrisa, “pero ustedes solo fueron un escalón para llegar a Asia, aunque siempre tuvimos los ojos en el Caribe”.

Vidal el historiador recordó cómo después de la 2da. Guerra Mundial Harry Truman comenzó a decir: “Ya vienen los rusos, ya vienen los rusos”.  Al inicio de la Guerra Fría, los rusos, que habían sufrido 20 millones de muertos, “apenas tenían con quién venir.  Aún así, se tomó la decisión: la única manera de gobernar un país es atemorizando a todos.  Bush está tratando de hacerlo –con cierto éxito”.

Vidal explicó al público cubano que “Tuvimos nuestro primer golpe de estado después del 11/9, y sucedió no como en cualquier otro país verdadero, oh, no.  El nuestro está influido por la televisión, por Hollywood… Ahora tenemos al hijo de un presidente; su padre no sabía hablar y el hijo también ha fracasado en eso.  El único trabajo del presidente, según los padres fundadores que redactaron la Constitución, era escribir una vez al año el discurso del Estado de la Nación: cuánto dinero se ha ingresado, cuánto se ha gastado, cuánto se prestó”.

Vidal el actor, imitó la sonrisita de suficiencia de Bush: “Tenemos que ayudar a los iraquíes con la democracia para hacer del mundo un lugar más seguro”.  Vidal el historiador aconsejó: “Piensen en el futuro antes de declarar la guerra a alguien y hagan un buen estimado de lo que costará”.

El 10 de diciembre Vidal vio la historia en edificios del siglo 16 en La Habana Vieja, recientemente restaurados por arquitectos para que recuperaran el aspecto de iglesias y edificios gubernamentales.  Esa noche cenó con el Ministro de Cultura Abel Prieto, un hombre que “salvó la cultura en este país”, según un poeta cubano.

Prieto describió a Vidal como “la conciencia moral de Estados Unidos”.  De unos cincuenta y tantos años, con pelo largo al estilo de los Beatles y vestido en jeans y camisa deportiva, Prieto ha librado una batalla contra otros de línea más dura para dar a los escritores un máximo de libertad para expresarse en filmes, letra impresa y las artes gráficas y plásticas –aunque no en las noticias en TV, radio e impresas.

Prieto se dio a conocer en toda Cuba cuando se enfrentó a Fidel, el cual en un foro televisivo ridiculizó la necesidad de viajar de los escritores y artistas.  Fidel admitió públicamente su error y se excusó.  La presencia del poeta-escritor como ministro del gabinete incluso ha difuminado la dura diferencia entre los artistas del exilio y de la isla, al aceptar la literatura del exilio como parte del patrimonio cubano en general.

“Nuestra política cultural no está decidida por el mercado, como sucede en muchos lugares, donde la gente puede que no conozca a un gran escritor o a un  gran músico de su propio país, y sin embargo, conoce perfectamente bien las intimidades de Michael Jackson”.

Prieto explicó que Cuba “no puede diseñar un futuro para los cubanos en el que cada familia tenga –como se ve en los filmes yanquis– dos autos, una piscina o un chalet.  Sin embargo, podemos garantizar condiciones para una vida decente y al mismo tiempo una vida rica en términos espirituales y culturales.  Es una concepción de la cultura como forma de crecimiento y realización personal que está relacionada con calidad de vida.  En este sentido, estamos convencidos de que la cultura puede ser un antídoto en contra del consumismo y en contra de la idea tan repetida de que solo comprar crear felicidad en este mundo.  Creo que ese es nuestro objetivo”.

Vidal vio poco consumismo en Cuba.  “Ha sido reconfortante”, dijo Vidal a un reportero cubano, “ver a un país que hace bien las cosas, como debiera ser, mientras que mi país está haciendo mal las cosas”.  Vidal visitó tres universidades en su corta visita.  La Universidad de La Habana, la Universidad de las Ciencias de la Información, situada en Lourdes, al oeste de La Habana, en el lugar donde en 2001 los rusos abandonaron su única base desde donde monitoreaban el cumplimiento de EEUU con los tratados de prohibición de pruebas nucleares.  Obsesos cubanos de la informática, profesores y estudiantes, explicaron y mostraron su nueva institución de educación superior a Vidal, quien confesó su ignorancia acerca de las computadoras.  Luego visitamos la Escuela Latinoamericana de Medicina, donde Gore se reunió con estudiantes norteamericanos y latinoamericanos –entre miles de becarios extranjeros– que reciben  educación médica gratuita, incluyendo libros de texto y uniformes.  Vidal y los políticos que lo acompañaron se marcharon impresionados con la escuela y la idea que la dirige –educar a  gente para convertirse en médicos que de otra forma no podrían pagar una escuela de medicina.

Al día siguiente, 12 de diciembre, un guía cubano llevó a Vidal por una rápida visita al Museo Nacional de Bellas Artes –sería necesario un día completo para verlo todo– y luego a la Escuela Nacional de Ballet, donde el viejo maestro de la ironía de 81 años observó maravillado a los niños y niñas que ejercitaban disciplinadamente a sus cuerpos gloriosamente acondicionados.  Luego se reunió con Alicia Alonso, fundadora de la compañía de ballet, a quien había conocido en la década de 1940 –ella dice que aún baila– cuando era prima ballerina del New York City Ballet.

La nostalgia se convirtió en celebración en el Aula Magna de la Universidad de La Habana.  El Rector honró a Vidal con una placa por el 270 aniversario de la Universidad.  Pensé que debía haber recibido honores como ese en Estados Unidos por sus 25 novelas, numerosas piezas teatrales, guiones cinematográficos, libros de ensayo y de historia, con lo que ha contribuido a nuestra cultura literaria.  Es más, él es parte del tesoro nacional de EEUU.  Qué irónico –y quizás justo– que un gran historiador y hombre de paz (y de la ironía) reciba respeto en Cuba,  mientras que The New York Times ha ignorado o minimizado su obra –o se la ha ofrecido a críticos que no se la merecen.  ¿Ironía?  Sin embargo, el Times sí promueve la dudosa guerra de Bush al situar las fantasías de la reportera Judith Millar (armas iraquíes de destrucción masiva) en su primera página.

La más reciente obra de Vidal, Navegación de punto a punto: Memorias (2006) aún no ha sido publicada en Cuba, pero los cubanos esperaron por él para que les autografiara Burr, publicado en Cuba.  Vidal habló a estudiantes y profesores, artistas y escritores acerca del tema del imperio norteamericano que avasalla a la República.  Cuando le preguntaron acerca de la multa de $6 322,20 dólares impuesta por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) al director de cine Oliver Stone (Stone filmó el documental Comandante para HBO) por violar el embargo a Cuba en 2002 y 2003 (y pagar por servicios en los que el gobierno cubano tiene intereses), Vidal bromeó: “Ojalá que en su lugar entregue el dinero a obras de caridad”.

“No tengo miedo de que me multen por viajar a Cuba”, declaró Vidal.  Es más, “yo también puedo hacer una reclamación judicial, todavía tenemos tribunales.  Me alegraría tener la oportunidad de presentar una demanda contra el gobierno”.

“Es un verdadero patriota”, dijo el escritor cubano sentado a mi lado”.

El nuevo libro de Saul Landau, Un mundo de Bush y de Botox, será publicado en enero por Counterpunch Press.

 

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