Por Arianna Huffington

Hillary Clinton se va a reunir con Ned Lamont próximamente en su propio territorio de Chappaqua, Nueva York, en lo que bien pudiera ser una reunión más importante para su carrera que para la de Lamont.  El encuentro se va a celebrar en un momento crucial tanto para Hillary como para el Partido Demócrata.

En semanas recientes Lamont ha salido de la oscuridad para derrotar a Lieberman en la primaria y él no ha dado muestras de descanso.

Como muestran las más recientes encuestas, ha alcanzado a Lieberman en su revancha de elecciones generales –los dos actualmente se encuentran en un empate estadístico.   Los electores demócratas del estado están apoyando a Lamont por un margen del 35 por ciento, mientras que los electores republicanos del estado apoyan a Lieberman por 40 por ciento.

¿Así que dónde se encuentra la supuesta abanderada del Partido Demócrata para el 2008?  En un balance precario en la punta de una estrategia triangular.  Como de costumbre.

Claro, Hillary ha ofrecido a Lamont su apoyo superficial “siguiendo la voluntad del pueblo” y un cheque por cinco mil dólares, pero sus actos parecen validar los rumores que estoy oyendo tras bambalinas que ella prefería con mucho ver ganar a Lieberman.  ¿Podrá ser que ella piensa que una victoria de Lieberman difuminará los ataques que ella recibirá inevitablemente en el 2008 por haber sido, al igual que Joe, una belicosa partidaria de la guerra en Irak?

Es como si ella quisiera poder meter de nuevo en la botella al genio que repudia la guerra.  No está buscando dinero para Lamont y aún no ha programado ninguna aparición conjunta de campaña.  No es accidental que su reunión sea en Chappaqua, y no en Connecticut.  La presentación de Mahoma y la montaña está clara.  Comparen sus acciones con las de John Kerry y John Edwards, quienes están haciendo todo lo posible por Lamont.

Como dijo Kerry, “Es la hora de la definición para los demócratas”.  Y no solo en Connecticut.  El enfrentamiento Lamont-Lieberman significa mucho más que una mera curul en el Senado.  Se trata de la dirección futura del Partido Demócrata –que es la razón por la cual el Partido Republicano está haciendo todo lo posible por detener a Lamont y garantizar una victoria de Lieberman.

Los republicanos se dan cuenta que Lamont representa una oposición re-energizada, un Partido Demócrata revigorizado impulsado por ideales progresistas, una disposición de enfrentarse a la maquinaria de calumnias del Partido Republicano y  una base   motivada.  Esto aterroriza a Bush y compañía, razón por la que están dando todo su apoyo a Lieberman.  Ya ellos saben como derrotar a los demócratas parecidos a Lieberman.  Es más, ya derrotaron a los demócratas como Lieberman en 2000, 2002 y 2004.  Los demócratas como Lamont son otra historia.  El salto en la inscripción de nuevos electores demócratas en Connecticut y la asistencia récord a las urnas en la primaria son señales que todos pueden leer.

Por eso es tan determinante la posición que adopten en Connecticut los aspirantes presidenciales demócratas.  La batalla Lamont-Lieberman ya no es un enfrentamiento entre demócratas.  Los hechos están claros: la campaña de Lieberman se realiza con recursos republicanos, asesores republicanos, archivos de electores republicanos y grupos republicanos de lanchas rápidas.

Así que cualquier demócrata que no apoye firmemente a Lamont, en realidad está dando cobertura a la derecha radical –no obstante, Lieberman jura que trabajará junto con los demócratas.  ¿Creen ustedes que Rove y el Comité Nacional Senatorial Republicano no están esperando algún quid futuro por su quo? ¿Y cuán sorprendidos quedarían ustedes si, a cambio de una selecta presidencia de comité, Lieberman termina por trabajar junto con los republicanos y lo justifique hipócritamente diciendo que es por el bien del bipartidismo y del país?

Por supuesto, hay algunos influyentes demócratas que apoyan abiertamente a Lieberman.  Son los que usan el uniforme de la vieja guardia, los que ven que pierden el control del poder en el partido, los que quieren creer que el viraje sísmico que representa la ascendencia de Lamont es una aberración y no un presagio del futuro que se avecina –los que tienen sudor en el labio.

Al frente de este grupo se encuentra Steve Rattner –banquero de valores privados, importante donante demócrata y viejo amigo de los Clinton.  Él apoya a Lieberman porque Joe es la clase de político al que los adinerados del establishment como Rattner prefieren apoyar –y controlar.

Por eso es que Hillary al salir de su reunión con Lamont debe hacer campaña en su favor.  Con fuerza y a menudo.

No solo es lo correcto, sino también lo más inteligente para mejorar sus probabilidades para el 2008.  Ned Lamont significa el futuro del Partido Demócrata: Lieberman el pasado.

Entonces, ¿se sumará Hillary a una dínamo o a un dinosaurio?

El correo electrónico de Arianna Huffington es arianna@huffingtonpost.com.

© 2006 Arianna Huffington.

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