Argentina: La deuda social tiene prioridad

Por Orlando Contreras

orconca@yahoo.com

En América Latina no se oía hablar en términos de juntar fuerzas para hacer frente a la ominosa y eterna deuda externa desde hace veinte años. El viernes 27 de febrero se oyó en Caracas.

Los ricos de los 80 no estaban preparados para esa rebelión de los deudores. Ahora sí, por lo que la tarea para los que están asfixiados por la deuda es ahora mucho más difícil.

Los tres bancos y financistas trasnacionales –el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial (BM) y el Banco Interamericano de Desarrollo (BID), que no radican en Washington por casualidad o para mirarse en el espejo de las aguas del Potomac– saben ahora muy bien, sin haberlo aprendido de von Clausewitz, que la unión hace la fuerza, por lo que es necesario impedir que el adversario intente unirse. Eso han hecho, además de crear nuevos mecanismos  de protección para los acreedores y de coerción para  los eternos endeudados.

De ahí la trascendencia de la reunión entre los presidentes Néstor Kirchner, de Argentina, y el de Brasil, Luiz Inacio Lula da Silva, para crear ese frente común de deudores en el marco de una cumbre del G-15([*]) en Caracas.

El canciller Rafael Bielsa, de Argentina, dijo que había sido una “reunión histórica” la de los dos mandatarios. El propósito es crear “una estrategia común con Brasil para negociar con los organismos multilaterales de crédito”.

Un integrante de la cancillería argentina confió al diario porteño Página 12 que “después de la reunión en la mañana (de Kirchner) con Lula y Chávez, ya se perfilaba que esto saldría muy bien”.

Los tres presidentes, con muy buen humor, se dejaron fotografiar varias veces. Parecían contentos.

El canciller argentino aportó más información. En una fecha escogida al parecer nada al azar, el diez de marzo, Lula recibirá a Kichner en Sao Paulo para una reunión conjunta con sus cancilleres y ministros de Economía. Un día antes, el 9, vence el plazo para que Argentina abone bajo sus condiciones, no las del FMI, un vencimiento de $3 100 millones de dólares con el Fondo.

El canciller brasileño, Celso Amorím, no fue nada parco.

“Hemos dado a la Argentina todo nuestro apoyo y solidaridad”, declaró.

Bielsa precisó que el proyecto de acción conjunta para hacer frente a la deuda externa “deberá estar terminado seria y profesionalmente en sesenta días”.

Y el  secretario de Naciones Unidas para Comercio y Desarrollo, Rubens Ricupero, hablando en la sesión inaugural del G-15 en representación del Secretario General de la ONU saludó el “heroico esfuerzo del pueblo argentino, al cual expreso mi solidaridad, para negociar en condiciones justas, dignas y equilibradas sus obligaciones financieras”.

Al hablar con la prensa el jefe del Gabinete argentino Alberto Fernández subrayó la importancia que tiene “a nivel continental”  que ambos países definan estrategias comunes ante los organismos internacionales de crédito.

Precisó que el empeño no es nada fácil, pero “si existe una decisión conjunta de los deudores de tratar un tema en forma integrada, nadie puede impedirlo”.

Hace unos veinte años Fidel Castro aseguró que la deuda externa del Tercer Mundo era “impagable”. Fue un momento clave. Pero no hubo receptividad en los niveles donde se tomaban las decisiones en el subcontinente.

No está de más recordar que América Latina y en general el Tercer Mundo, sólo en intereses, ha pagado ya todas sus deudas iniciales. Pero el mecanismo agiotista de cobrar intereses sobre los intereses convierte la deuda en un alud. No hay quien pueda detenerlo.

La  complicidad de los prestamistas no es ajena al problema. En los setenta, en la época de los petrodólares y el dinero abundante inmovilizado en los bancos por falta de más clientes, los banqueros iban por las capitales de América Latina como el vendedor de abalorios y baratijas en pueblo de campo. Coja dinero, hay dólares para todos.

Esa época coincidió con golpes de estado en el subcontinente y la secuela de una mafia de militares y políticos crueles y corruptos. Entraron a saco a la plata dulce.

No había antecedentes en la historia argentina de semejante exacción. La primera vez que la República Argentina pidió un préstamo fue por los años treinta del siglo 19, y nunca más de manera sustantiva, porque la riqueza natural de Argentina era y es enorme.

Cuando concluye la Segunda Guerra Mundial, la vieja Europa queda  destruida y muerta de hambre. Evita Perón viajó a Europa regalando trigo y ofreciendo créditos blandos para comprar alimentos. La recibieron reyes, prelados y políticos de fuste. Era tanta la riqueza que acumuló Argentina vendiendo cereales, carne y cueros a todo el mundo que se dice que en las bóvedas del Banco de la Nación argentina no cabían las barras de oro, y había que amontonarlas en los pasillos.

El endeudamiento empezó tarde. Con la primera oleada de generales golpistas, que arranca con Juan Carlos Onganía en l967, la deuda externa se elevó en 46 por ciento. En el breve interregno de Cámpora-Perón, la deuda estuvo quieta, y se vuelve a disparar en 1976.

Es el año en que el general Videla, que no está en la cárcel por asesino y otros cargos debido a su ancianidad, le da un golpe de Estado a Isabel Perón, que era manejada por una gavilla de delincuentes, delirantes y asesinos, entre los que estaba un  brujo,  psicópata cruel, creador de la triple A, y cuyo nombre es mejor olvidar.

Antes de que empezara la odiosa era de los militares, la deuda argentina era baja.  A finales de 1975, según un estudio publicado hace meses en un suplemento del diario argentino La Nación, cada argentino debía al exterior $320 dólares.

A Videla lo sustituye el general Galtieri y a éste el general Bignone, todos mediante movidas incruentas. Con los militares violadores de los derechos humanos, incluido el derecho a vivir, cada niño que nacía en Argentina venía al mundo con una deuda en el exterior de $1 500 dólares.

Durante el gobierno de la Unión Cívica Radical y su presidente Raúl Alfonsín, la deuda pasó de $45 mil millones de dólares a $58,7 mil millones. Tal fue el caos y el desgobierno, que a Alfonsín le faltaron fuerzas para terminar su mandato y adelantó el traspaso de la presidencia a Carlos Saúl Menem, un político de la provincia de Rioja, abogado, vivo, lépero.

Cuando concluía su primer mandato hizo otra movida política  y se mantuvo, elección de por medio, una década.  Del 89 al 99.  En esa década se vendió la Argentina, es decir, todas las empresas del estado, de todos los argentinos.

En 1992  Domingo Felipe Cavallo, un economista con fuertes vínculos con el Banco Mundial y el FMI que se había hecho cargo de la cartera de Economía, renegocia la deuda externa.

Con la dupla Menem-Cavallo se venden y mal venden todas las empresas del estado. Se supone que con ese dinero se amortizaría la deuda y esta se achicaría.  Pero sucedió un milagro al revés o un saqueo: de los $58 700 millones de dólares en que la dejó Alfonsín, la duda externa ascendió como lanzada desde Cabo Cañaveral a $146 219 millones de dólares. Se elevó en poco más del 123 por ciento.

Fernando de la Rúa, también perteneciente a ese extraño “radicalismo” enclenque, que nada tiene que ver con el de sus fundadores,  dejó la deuda en $147 667 millones de dólares cuando fue expulsado del gobierno por una rebelión popular reprimida con saña y sangre (31 muertos). Domingo Cavallo había vuelto a ponerse el birrete de cardenal de la economía argentina con de la Rúa, como en la década de Menem.

Y esa es la deuda que hereda Néstor Kirchner. La economía argentina, desmantelada productivamente entre los militares torturadores y el neoliberalismo de la dupla Menem-Cavallo, ha vuelto poco a poco a reactivarse.  En el 2003 creció 8,4  por ciento.

Pero la deuda social en Argentina es enorme. Kirchner ha dicho por las claras que el país tiene un fuerte endeudamiento interno y externo. “El interno es la deuda social, y debemos ir generando prioridades”.

El FMI presiona para que la Argentina negocie con los dueños de bonos que no se pagan desde enero de 2002.  El valor de esos bonos, declarados en “default”, tendrá una rebaja del 75  por ciento de su valor nominal, algo que no gusta en las esferas externas.

Y a los acreedores externos –ha reiterado el presidente–, la Argentina sólo puede pagar el 3 por ciento del aumento del Producto Interno Bruto.  Ni un centavo más.  Entre el 9 y el 10 de marzo se aclara o se oscurece el panorama.  Pero hay algo  seguro. No todos van a quedar  igualmente complacidos.

Orlando Contreras es periodista y analista político. Colabora en medios latinoamericanos


([*]) El Grupo de los 15 o G-15 está integrado por 19 países del tercer mundo: Argelia, Egipto, Kenia, Nigeria, Senegal, Zimbabwe, Argentina, Brasil, Chile, Colombia, Jamaica, México, Perú, Venezuela, India, Indonesia, Irán, Malasia y  Sri Lanka.

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