Por Carlos Iglesias

El Secretario del Tesoro de EEUU, John Snow, informó que “se estudian detenidamente los reglamentos de las remesas” que permiten a los emigrados cubanos transferir un máximo de $1 200 dólares anuales por núcleo familiar a la isla. Para los más avezados observadores de las corrientes profundas que se mueven en Miami, Snow buscaba conocer cuáles serían las reacciones, al decir a un auditorio de extremistas de origen cubano que se apretarán las clavijas en los envíos.

 

Otro propósito que subyace en ese anuncio ambiguo es pagar el favor que esos individuos hicieron a George W. Bush para que llegara a la Casa Blanca durante la campaña electoral de 2000.

 

En un recorrido de Progreso Semanal por varias oficinas de la Western Union en la capital cubana, pudimos comprobar que la mayoría de los beneficiados por las remesas familiares desconocían las intenciones del Secretario del Tesoro. También registramos numerosas opiniones, algunas de las cuales mostramos en este trabajo.

 

Diferentes vías y algunas opiniones

 

Los emigrados que envían dinero están preocupados por lo que dijo Snow, y se afirma que ahora son más profundas las diferencias entre quienes salieron de Cuba por razones políticas y los de motivaciones económicas, los que se marcharon hasta con el perrito y los que han dejado atrás fuertes nexos familiares.

 

Uno de éstos últimos pudiera ser Bárbaro G., el esposo de Clara M., 36, ama de casa en Cuba quien para sustentar su hogar depende en buena medida de los envíos monetarios oficiales, consistentes en los $1 200 dólares anuales repartidos en 4 trimestres.

 

El envío de dinero a familiares y amigos desde Estados Unidos a esta isla puede seguir diversos caminos, ajustados o no a las regulaciones del Departamento del Tesoro.

 

El esposo de Clara utiliza los servicios de Western Union, que comenzó a hacer estas transferencias en 1999 y ya cuenta con 108 oficinas en todo el territorio cubano, salvo la Isla de la Juventud (Ver anexo).  “La Western”, como la llaman los cubanos, es una vía autorizada por Washington y cobra tarifa única de 29 dólares por envío (mediante declaración jurada).

 

Para Clara, como para Lidia F., 66, mulata y sin familia, un recorte o la interrupción de las remesas sería muy duro, según comentaron, debido a que carecen de otros ingresos para subsistir.

 

Lidia explicó su visión pesimista en un breve diálogo ante las oficinas de Western Union en Arroyo Naranjo, un popular barrio de la periferia habanera. “Yo he recibido varias remesas de una buena amiga que me las manda cada vez que puede. El dinero lo utilizo para alimentos”, subrayó.

 

“No necesito comprar ropa, porque ella me manda de vez en cuando, pero si algunas cosas necesarias en la casa”, explicó.

 

Lidia aclaró que en algunas ocasiones ha recibido dinero mediante viajeros, pero que desconoce los motivos para que la remitente emplee una u otra vía.

 

“Pienso que sea que aprovecha cuando viene alguna persona de confianza”, opinó.

 

La beneficiaria de estos envíos monetarios desconocía las intenciones de Snow, pero consideró que sería muy mala una restricción.

 

“Imagínese”, me confesó, “ahora pasé casi un año sin recibir nada y fue muy difícil. No me muero de hambre, vivo, pero la paso difícil”.

 

Emigrados extremistas están muy de acuerdo con medidas fuertes, desde las restricciones hasta el cese total de los envíos, le digo.

 

“No deben tener familia aquí o quizás es que como personas son de una calidad dudosa… Familia y amistades íntimas, son sagradas”, respondió.

 

Sus palabras finales, familia, amistades, sagradas, me llevan pensar que el Sr. Snow y los extremistas cubanos que lo alientan están pisando un terreno minado.

 

Pedro R., 78, es uno de los emigrados por razones políticas y había permanecido alejado de su país de origen durante 36 años, porque coincide con la administración Bush que Cuba es “territorio enemigo”. Ahora hace su primera visita. Tiene parientes en la isla y, aunque piensa que fueron ellos quienes debieron asistirlo cuando se marchó definitivamente, no rechaza del todo el llamado de la sangre, aunque con mucha reticencia.

 

Su esposa, Aída F., 70, piensa con mayor flexibilidad, y rechaza una eventual restricción adicional en los envíos, porque serían perjudicados sus tres hermanos en La Habana. Aída se marchó en 1968, pero ha vuelto varias veces y siempre ha contribuido a la economía familiar, además de utilizar a viajeros para iguales propósitos, aunque sabe que no está permitido.

 

El hecho de que el dinero se enviaba por vías no permitidas antes y todavía no se ha abandonado la práctica, lleva a pensar que si nuevas restricciones entran en vigor el flujo no se interrumpiría. Esas vías irregulares incluyen el uso de “correos” o viajeros a la isla, que pueden cobrar hasta 16 dólares por cada 100 transportados.

 

“Todos, los familiares de allá y de aquí, seríamos perjudicados”, dice Antonio F., 63, refiriéndose al eventual uso de “correos” como vía alterna porque, “al tener que pagar más deberán mandarnos menos”.

 

Antonio tiene dos hijos en EEUU y conocía de las posibles restricciones. El mayor de ellos lo llamó comentándole la noticia.

 

“Estaba muy molesto porque esa gente para hacer política pisotean a la familia”. 

 

Existen destinatarios más jóvenes con actitudes más optimistas, como Luis S. quien vino a buscar su primera remesa por la vía de Western Union en una de las oficinas del municipio capitalino de Diez de Octubre.

 

Acompañado de su esposa y pequeño hijo, Luis, 31, dijo que antes ha recibido dinero enviado con mensajeros. Precisado a comparar opinó que “cada una de las variantes tiene sus lados positivos y negativos”.

 

Escapársele al diablo por debajo del tridente

 

Western Union, como dice su lema empresarial, constituye “la manera más rápida de recibir dinero”, porque apenas demora unas horas desde que es depositado el dinero en Estados Unidos, y su tasa es fija, independientemente del monto.

 

También existen otras agencias menores que operan desde el territorio de Estados Unidos. Los “correos” ilegales son coyunturales y siempre queda la desconfianza por el carácter clandestino que debe asumir la transacción.

 

Según Luis, “si las remesas se restringieran íbamos a pasar algún trabajo, porque el dinero lo empleamos en necesidades muy perentorias, como alimentos o calzado para el niño”. Pero, “yo pienso que siempre se encontrarían las vías para las remesas” (tal vez porque hasta el presente sus “Reyes Magos” eran viajeros).

 

Jorge R, 33, tiene un hermano que se marchó hace 8 años, estaba en la cola de la Western Union en el centro Comercial La Puntilla, en Miramar, al oeste de la capital. Para él, las posibles restricciones son “política de los extremistas miamenses que viven con mucho odio…pero pasará”. Muestra confianza en lo que dice y argumenta “que como es política alguien se dará cuenta que dan argumentos para otros políticos y los cubanos, como mi hermano, votan”.

 

Oficinas de Western Union en Cuba:

Ciudad de La Habana (37), Pinar del Río ( 8), La Habana (13), Matanzas (7), Villa Clara (5), Cienfuegos (3), Sancti Spíritus (3), Ciego de Ávila (3), Camagüey (6), Las Tunas (5), Holguín (7), Granma (3), Santiago de Cuba (6),  Guantánamo (2) 

Carlos Iglesias, analista de la TV cubana y corresponsal en La Habana del diario japonés Yomiuri Shinbum

 

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